Una reforma imprescindible

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Anunciada desde hace meses y tras varias semanas dejándonos titulares casi diarios, la reforma eléctrica fue confirmada finalmente el pasado viernes tras la reunión del Consejo de Ministros. Si hace siete días fueron el alcohol y el tabaco los productos agravados, ayer le tocó el turno a las compañías eléctricas y por ende a los consumidores y contribuyentes. El encarecimiento del recibo de la luz del próximo mes de agosto se calcula en torno al 3,2%. Un mal menor habida cuenta de que la inacción del Gobierno habría supuesto un aumento de la factura energética del orden del 40% en un año. Una reforma por tanto necesaria aunque impopular.

Evidentemente, en el actual contexto de asfixia fiscal, las familias deberán más encajes de bolillos para asumir el incremento del recibo de la luz, justo cuando parecía que repuntaba el ahorro familiar. De llevarse a cabo en los términos planteados por el ministro José Manuel Soria (bajo la atenta mirada del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas), el Estado estaría notablemente más cerca de acabar con el déficit de tarifa. Un objetivo que debería de producirse a lo largo de 2014, para lo cual resultará indispensable un esfuerzo común de usuarios y proveedores. Decimos común porque así como los clientes verán encarecidos sus recibos, las compañías eléctricas sufrirán un recorte de 2.700 millones de euros, esto es, el 60% del ajuste total previsto por la reforma. Actualmente, el endeudamiento derivado del sector eléctrico alcanza los 26.000 millones de euros.

Dicha cifra es el resultado de años de grandes desajustes entre los costes de la electricidad y las cantidades abonadas por los usuarios, pesando como una losa en la deuda pública española. Los contribuyentes (que son también los clientes) cargarán con su parte del ajuste a través de los 900 millones de euros asignados a tal efecto en los Presupuestos Generales. Al margen de las particularidades administrativas, una de las grandes novedades de la reforma es la de impedir que futuros gobiernos bajen las tarifas eléctricas si existe déficit en esos momentos.

Fuente: El Economista

Foto / Silvia Alba