Tasa Tobin y nuevo IVA intracomunitario: el flotador en pleno oleaje

800px-Herman_Van_Rompuy_at_the_Center_for_European_Studies_-_20090910-02Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo

La falta de liquidez apremia, el saldo de tesorería no está para tirar cohetes. Con el crecimiento negativo de las economías europeas, entre ellas Francia y Alemania, la recaudación corre peligro, y las dudas sobre los países periféricos, azotados por la crisis de la deuda y la falta de confianza de los mercados internacionales, promueven los peores presagios para la Eurozona. El mismo Jacques Delors, primer presidente de la Comisión Europea uno de los impulsores del euro, declaraba al diario suizo Le Temps que la moneda única y Europa se encuentran ‘al borde del precipicio’. Las instituciones comunitarias tienen poco tiempo de maniobra para intentar salvar los platos, con lo que han desempolvado algunas de las históricas reivindicaciones en materia fiscal: las tasas a las transacciones de capital y la creación de un IVA intracomunitario.

Ambas propuestas se encuentran en un nuevo paquete de medidas fiscales que el Ejecutivo comunitario prepara para el mes de octubre con el fin de financiar los presupuestos para 2014-2020. Según el comisario de Presupuestos, Janusz Lewansdowski, la combinación de ambas podría llegar a generar alrededor 60.000 millones de euros.

Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo

La Tasa Tobin, llamada así en referencia al economista James Tobin, que acuñó el término en 1971, promueve un gravamen a las transacciones financieras. A raíz de la crisis, la medida, una de las grandes causas de los movimientos antiglobalización de la década de los noventa, es reivindicada ahora por no pocos economistas, y es incluso defendida por sectores conservadores o por algunas instituciones internacionales (el exdirector del FMI Strauss Khan se mostró a favor de la medida en enero de este año).

Con respecto al IVA comunitario, también se trata de una vieja reclamación. De hecho, las normas comunitarias preveían la implantación de un IVA unificado para toda la Unión Europea en 1996, aunque las distintas presiones de los países miembros, sobre todo a raíz de la ampliación de la UE, han hecho imposible su aplicación. Según fuentes de la comisión, la aplicación de dicha medida tendría como objetivo ‘sustituir’ la recaudación de los gravámenes nacionales, con los que la Unión recauda entre 15.000 y 20.000 millones de euros anuales.

Sin embargo, tales medidas podrían acarrear consecuencias poco deseadas, como las dificultades para contraer el déficit público o el constreñimiento de las inversiones financieras en los países miembros. La creación de un IVA comunitario podría ir en detrimento de la capacidad de los estados miembros para aumentar su financiación a través de aumento del gravamen de dicho impuesto, y el establecimiento de una tasa para las transacciones financieras podría desincentivar todavía más las inversiones extranjeras en la Unión Europea. Nunca llueve a gusto de todos.