Globalización, regulación y crisis

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Cuando pasen las sombras

 

Cuando pasen las sombras

El problema de la grave crisis económica en que hoy vivimos sin excepción los ciudadanos del mundo tiene su origen en la desregulación sufrida por los mercados a raíz del proceso de la globalización. Gracias a las tecnologías de la información actualmente disponibles que permiten transcender las distancias en cuestión de segundos, los capitales financieros adquirieron la capacidad de traspasar las fronteras en cuestión de segundos y así lograr evadir los controles propios del Estado-nación.

Así las cosas las autoridades procedieron en la gran mayoría de los casos a abdicar paulatinamente de sus responsabilidades de control y regulación sobre la marcha de los capitales. El Estado retrocedía inevitablemente en sus facultades frente al proceso paulatino e inevitable de la globalización. El resultado obvio a la distancia, un modelo de gestión del capital financiero que no reconoce responsabilidad más que con un ánimo de lucro desmedido que halla su sustento en expectativas ilusorias a la par que se alimenta del error adicional por parte de los operadores públicos: el mantenimiento de tasas de interés artificialmente bajas.

Metodológicamente hablando, la marcha de los mercados se sustenta en la racionalidad de los actores individuales que en disposición de la información disponible y las expectativas por ellas generadas asumen sus decisiones de inversión o gasto. En la clásica concepción de Adam Smith, el padre de la ciencia económica, es esto a lo que llamamos “la mano invisible” del mercado, un mecanismo mediante el cual en la búsqueda de su interés privado los individuos producen las acciones que sin saberlo ni buscarlo, generara el bienestar colectivo.


La racionalidad de la acción es pues una herramienta esencial para los actores en el mercado, pero a su vez sabemos que para que la racionalidad pueda funcionar en su forma debida es elemental el hallarnos en disposición de toda la información disponible sobre el campo de nuestra acción. Ello en la compleja sociedad moderna con miles de variables fuertemente condicionadas escapa a las posibilidades del más avispado de los observadores y el más moderno de los computadores.

El problema de la crisis surge cuando operadores a todas luces inescrupulosos crean logran crear herramientas que aprovechando la coyuntura del crédito barato, dan titulo de valor a créditos absolutamente impagables y dan pie a un auge falso que a su vez crea expectativas que dan luz verde a iniciativas de inversión irreales bajo otros contextos. Toda una oda a las teorías sobre el ciclo económico de la Escuela Austriaca.

Por todo ello el horizonte que nos espera después de la crisis es obviamente el de fortalecimiento de la capacidades regulatorias del Estado-nación y el surgimiento de una institucionalidad transnacional como la que ya se dibuja en los acuerdos del G-20 y otras instancias internacionales, en capacidad para tratar de igual a igual con flujos de capital cuya movilidad difiere en tan solo segundos a la capacidad del pensamiento.

Es obvio que el capitalismo seguirá inmune en cuanto sistema, pero no obstante con su capacidad de retroalimentación ajena a otros sistema lograra asumir el golpe y adaptarse a la nueva realidad de los tiempos.nos hallaremos pues ante un nuevo modo de comprender la relación Estado-Mercado durante la globalización.
Imágenes: perrimoom