Chufo Lloréns: "Los personajes del siglo XI son de novela"

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El escritor Chufo Lloréns / Foto: Qdiario

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  • Mar de Fuego es de las pocas novelas históricas donde el protagonista existió en la vida real
  • Escribo como me gusta leer: un 25% de descripción y un 75% de acción
  • El marco histórico es el escenario en teatro y las pasiones están encarnadas por los personajes

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Nos encontramos con el escritor Chufo Lloréns en la sede barcelonesa de Random House Mondadori para conversar alrededor del que se prevé sea uno de los éxitos de ventas de la temporada: Mar de fuego (Grijalbo, 2011). Detrás de esta novela, la editora Ana Liarás, responsable de éxitos como La catedral del mar (Ildefonso Falcones, 2006). Calentando motores para Sant Jordi, auguramos que el nombre de este escritor sonará más de una vez entre los aficionados a las aventuras medievales y la novela histórica. Y es que su precuela, Te daré la tierra (Ídem, 2008), ha dejado a miles de lectores enganchados a las peripecias del héroe Martí Barbany, esperando impacientes para conocer el futuro de los Condes de Barcelona, Ramón Berenguer y Almodis de la Marca. Como novedad, Lloréns promete renovados personajes y más aventuras, de nuevo enmarcadas en la convulsa Barcelona del siglo XI.

Pese a que su afición por la historia le viene desde que era bien pequeño, la vocación por escribir novelas fue para Chufo Lloréns una revelación que no llegó hasta la madurez. Este escritor tardío desarrolló su actividad en el mundo empresarial, siendo el propietario de una de las salas de fiestas más conocidas de Barcelona. Tras codearse con políticos, artistas y demás personajes de la noche cuyos secretos, dice, se llevará a la tumba, la vocación de literato llamó a su puerta con insistencia. Digno heredero del folletín histórico al más puro estilo Alejandro Dumas o Víctor Hugo, Te daré la tierra consiguió ganarse el favor del gran público llegando a vender 150.000 copias tan solo el día de Sant Jordi.

Ahora irrumpe de nuevo con más de 800 páginas repletas de personajes que aman, traicionan, matan y mueren… todo ello aderezado con mucha, mucha historia.

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Nombre: Chufo Lloréns
Nacimiento: Barcelona, 1931
Bibliografía completa Nada sucede la víspera (1986), La otra lepra (1993), Catalina la fugitiva de San Benito (2001) y La saga de los malditos (2003).
Su mayor éxito de ventas: Te daré la tierra (2008).
Su nueva novela: Mar de fuego (Grijalbo, 2011), que promete convertirse en todo un fenómeno, siguiendo la estela de su precuela.[/ficha-tecnica]

Aquellos que no hayan leído Te daré la tierra, ¿podrán leer Mar de fuego como una obra independiente?

Evidentemente. Pueden leerla tranquilamente porque, aunque varios personajes son del libro anterior, se presentan como nuevos. Es decir, para el que no sabe su historia yo coloco un párrafo o una explicación somera, así el lector se hace cargo en el acto de quién es el personaje. Mar de fuego se puede leer tranquilamente sin haber leído Te daré la tierra, y si lo has leído pues mejor, porque te acuerdas.

Y los lectores que esperen una secuela ¿con qué se van a encontrar?

Con nuevos personajes, nuevas acciones, otro planteamiento distinto. Ya han pasado quince años en la corte de Barcelona y personajes que antes eran niños ahora han crecido hasta ser jóvenes príncipes. Las intrigas de palacio son completamente diferentes porque la ambición y el poder de un joven príncipe que quiere heredar el Condado no es la de un niño que juega con una pelota. Hay nuevos personajes, nuevas situaciones y una nueva Barcelona. Porque Barcelona cambia a ojos vistas.

¿Cree que en su retrato del siglo XI que elaboró para Te daré la tierra se le quedaron cosas en el tintero?

Sí, y aún habría más que decir. Al final del libro pongo un corolario o una aclaración para que el lector amante de la historia sepa cómo acabó la situación que se describe en la novela. Media página (que no recomiendo mirar antes de leer Mar de fuego), que explica qué fue del condado de Cataluña después de los Berenguer. Uno de los factores que me llevaron a continuar en el siglo XI es que, fue tal el examen exhaustivo de ese tiempo en la primera novela, que no quería desperdiciarlo. Es decir, yo intenté sacar fruto de la consulta de libros y papeles llevada a cabo para Te daré la tierra. Al ser del mismo tiempo, me servía todo ese material que ya había estudiado. Porque antes de ponerte a escribir una novela histórica, por lógica tienes que introducirte en el siglo y en la época.

¿Cuándo empieza y de dónde viene esa pasión por la historia? Porque usted ha desarrollado su actividad laboral en otros ámbitos…

Yo soy un historiador frustrado. Si en mi época se hubiera podido estudiar otra cosa que no fuese abogado, médico, arquitecto o ingeniero yo hubiera sido historiador. Pero entonces no cabía eso. Mi pasión por la historia me viene de un tío mío, un hermano de mi madre, que era un cargo alto del Museo del Ejército. Era un general mutilado durante la guerra en África con Juan Prim. Cuando yo iba a su casa en Madrid mi gran pasión era ir al museo, porque como él tenía que trabajar me dejaba en una de las partes del museo y le decía al bedel: “que el niño no se mueva de aquí”. Y yo, con once o doce años, me paseaba por allí como Alicia en el País de las Maravillas. Desde tomar la espada del Cid Campeador en la mano hasta echarme en el catre de campaña de Carlos V… para mí aquello era un sueño. Cuando llegaba al museo pensaba "hoy me apetece el segundo piso", y el segundo piso era Filipinas, era ponerme el gorro de Martín Cerezo, coger la pistola de otro… Aquello era un sueño y yo entiendo que mi afición parte de ahí. Luego ya la fui cultivando porque siempre, siempre he leído historia.

¿Desde su experiencia como lector, pero también como escritor, qué debe tener un buen folletín histórico para conseguir atrapar al lector?

Yo soy un clásico para eso, o sea: planteamiento, nudo y desenlace. En el planteamiento has de atrapar al lector y hacer que siga leyendo. Yo siempre digo, y lo repito, que si un libro en las cincuenta primeras páginas no me ha prendido, lo dejo. Y entiendo que Mar de fuego prende. En el nudo has de crearle el misterio al lector, que se pregunte “¿cómo va a salir el autor de todo este lío?”; y el desenlace ha de ser sorpresivo pero coherente. No puede ser que en las dos últimas páginas aparezca un personaje que no había salido. El lector tiene que pensar que es un final muy bien llevado, pero que no se lo imaginaba. Eso es un gran final. Yo escribo como me gusta leer, y me gusta leer así. No me gustan finales tontos, ni el pensar que he leído ochocientas páginas para nada, me gusta la coherencia. Luego, también está el hecho de que en cada capítulo tienes que dejar arriba al lector, que se enamore de los personajes positivos y odie cordialmente a los negativos. Y si al final del libro consigues que falten tres páginas y que el lector no sepa cómo se puede salir del problema, mucho mejor. Todas estas condiciones yo las tengo muy en cuenta cuando escribo.

Mar de fuego / Foto: Qdiario


En la novela, la vida amorosa de los protagonistas tiene repercusiones muy importantes en asuntos de Estado ¿Cómo de importantes son las pasiones humanas en su novela?

El ser humano está lleno de pasiones. Yo siempre digo que a Cristo lo subió a la cruz un hombre, y lo bajó de la cruz otro hombre. Estamos llenos de bien y de mal. Cuando los sentimientos vienen adobados por pasiones, entonces el amor, los celos, la envidia, la ambición… todo eso hace que el personaje desborde y sea un personaje de novela, un personaje de folletín. Que tenga un pasado, un ultra. Cuando un personaje nos inspira odio, nos ha de inspirar mucho odio. Sus pasiones han de ser muy malas o muy repugnantes para que el lector lo odie mucho. Y luego, el amor de una pareja joven y hermosa ha de ser un amor precioso para que la lectora (porque la mujer lee mucho más que el hombre) se sienta identificada y se sienta transportada por aquel sentimiento. Pienso que las pasiones, lógicamente, han de ser encarnadas por los personajes.

El marco histórico es muy importante en el libro, pero convive con estas pasiones de las que habla ¿Cómo consigue el equilibrio perfecto?

El marco histórico es como el escenario en el teatro. En el teatro no nos lo explican porque lo vemos, pero tú has de poner al lector en el lugar oportuno para que se haga cargo de cómo es la historia. Has de explicar cómo era Barcelona, cómo eran las calles, cómo era el empedrado, cómo eran las ferias, cómo eran las murallas, dónde estaba el palacio, qué era el Castell Nou, qué era el Castell Vell, qué eran las puertas de Regomir… Para que el lector se ubique en Barcelona y se pasee por aquella ciudad del siglo XI como si fuera hoy. No puedes extrapolar un tiempo de su tiempo. Las situaciones crueles, o crudelísimas, que estallan en el libro eran de aquella época, porque la edad media era muy cruel. Todo eso adobado por las pasiones hace que los personajes sean extremos, cada uno en su punto. El escenario es la Barcelona de la época, pero yo siempre digo que tiene que haber un 25% de descripción y un 75% de acción, porque tampoco es bueno que la descripción pase a la acción. Ese es, ojo, mi punto de vista como escritor. Pero entiendo que a otros les gustará mucho más las descripciones larguísimas.

¿Qué piensa que le aporta la novela histórica a la gente? ¿Por qué cree que es uno de los géneros más populares?

Yo pienso que dentro del género, como en todas las cosas, hay la auténtica novela histórica y luego la novela que te pone dos veces ‘pirámide’ y una ‘faraón’ y ya va de Egipto. O bien dos veces ‘capitolio’ y una ‘cuádriga’ y va de Roma. Es decir, la novela histórica ha de serlo. Has de meterte en la época, estudiarla y procurar no cometer dilates. Y si cometes alguna licencia novelesca, que el lector sepa que aquello es novela. Primero novela, y luego histórica. Teniendo esto en cuenta, hay que intentar que el lector se note transportado a una época, y que la novela sea un incentivo para que el lector se vea con ganas y con ambición suficientes para coger un libro de más enjundia, leer biografías… cosas más históricas y menos novela. Es un paso previo y, como digo muchas veces, la gente ha llegado a Machado y a Miguel Hernández a través de Joan Manuel Serrat. Cantando llegas al poeta y luego, lees al poeta. Y puede que luego leas a poetas que no ha musicado Serrat, y te sigues interesando por la poesía. Esa es la misión, pienso yo, de la buena novela histórica.

Quería preguntarle por una de las cosas más difíciles cuando hablamos de novela histórica, los diálogos. ¿Cómo logra que sean tan fluidos?

Has de adecuar el lenguaje, que no es el de la época, porque entendamos que aquí se hablaba los primeros vestigios de catalán, que era el latín vulgar adobado con palabras que ya nacían. Yo me he inventado un lenguaje medieval, por decirlo así, que suene a antiguo, porque no puedes transmitir al lector sensaciones de siglo XI si pones frases o expresiones del siglo XXI. Una chica no puede decir ‘vale tío’ porque no es de la época. Hay que tratar el ‘vos’ con cuidado o los cargos que requerían los nobles de Barcelona. Si consigues dar un plus de verosimilitud a la época, el lector se la cree. Si no, es un churro.

[resaltado title="El primer capitalista catalán" width="325"]
El personaje de Martí Babany, protagonista de Te daré la tierra y también de Mar de fuego, está basado en la vida del que puede considerarse su alter ego, Ricard Guillem. Este personaje, popularizado por el historiador J.E Ruíz Doménech a través de su libro Ricard Guillem o el sueño de Barcelona (1999), ofrece a Chufo Lloréns la posibilidad de jugar con un universo muy atrayente: la del hombre ilustre de la Edad Media que se hizo a sí mismo.

Ricard Guillem fue un hombre que ascendió de la nada y que llegó a lo más alto en una época donde la clase social marcaba con fuego el destino de las personas. El mito del héroe que superó los obstáculos, del capitalista idealizado, del vasallo que llegó a ser ciudadano de Barcelona y, posteriormente, nombrado noble por Ramón Berenguer III. Así dibuja Ruíz Doménec a Guillem, como un comerciante imaginativo que desafió la jerarquía social del medioevo.

Su innovadora cultura mercantil le llevó a ser una de las personalidades relevantes en el origen del desarrollo económico, político y social del Mediterráneo. Ricard Guilem fue terrateniente, viajero, hombre feudal, financiero y consejero de cuentas de Barcelona. De hecho, y en palabras del propio Lloréns, se le puede considerar ‘el primer capitalista’ de la Edad Media: “En toda su vida, siempre compró y nunca vendió, fue la única persona que de un beneficio hacía tres partes: la primera para vivir, la segunda para emplear en sus negocios, y la tercera para reinvertir”.[/resaltado]

¿Y de dónde le viene esa vena de dialoguista?

Todo depende del autor. Hay a quien le cuesta más la descripción que el diálogo, a otro le cuesta más la acción que la descripción… A mí el diálogo es lo que menos me cuesta, esa es la verdad, porque los tengo en la cabeza. Antes, cuando escribía a teclado, tenía tantas ideas de diálogo que no me daban los dedos de sí porque soy lento. Ahora que le dicto al ordenador, tengo una manera de escribir muy cómoda, porque he conseguido lo que es perfecto para mí. El diálogo me es fácil porque una frase trae la otra, una pregunta te lleva a una respuesta. No has de pensar: si yo te pregunto qué hora es, tú me la dices.

¿Cómo se planteó la construcción de los personajes? ¿Cómo crecieron luego? Porque hay secundarios que evolucionan y se vuelven muy importantes.

Sí, eso pasa en la novela. Por ejemplo con Ahmed, que es un personaje secundario que se gana a codazos su lugar. En las primeras 200 páginas del libro es un personaje muy importante, luego se va diluyendo, sale al final de nuevo… pero él creció y se volvió importante. Yo tenía clarísimo al empezar el libro que Marta iba a ser importante. También sabía que Bernabé Mainar iba a ser importante, pero hay otros personajes que cogen cuerpo. Se colocan arriba y, si los quieres quitar, se resisten. Como cuando tú quieres falsear a un personaje, porque te conviene que haga una cosa y no es su carácter, entonces la novela chirría. Y yo, que tengo la costumbre de leer a mi mujer los capítulos que acabo, cuando veo que ella me dice eso de “¿tú crees?”, sé que no vamos bien. Leo el texto al día siguiente y entonces me chirría a mí. Es todo un trabajo.

¿Qué parte de realidad y qué parte de ficción tienen los personajes reales? ¿Cómo se logra el equilibrio para conseguir que se conviertan en personajes de novela?

Es que los personajes de esa parte del siglo XI ya son personajes de novela. Es decir, si yo no quisiera meter ningún personaje de ficción, y quisiera plantear la historia con los sucesos históricos que ocurrieron, sería una novela, una auténtica novela. Porque tiene la anécdota, y la anécdota es la pequeña historia de la Historia. Una gran historia sobre un hecho fundamental como el descubrimiento de Sudamérica, está ahí. Pero lo que a mí me interesa es el detalle pequeño de la pequeña historia, qué cosas les pasaron a esos personajes. Y el siglo XI, con los personajes que he tratado, está llenos de estas pequeñas historias. Pero los personajes, por sí mismos, son personajes novelescos… hasta tal punto que a veces me han preguntado si una anécdota me la había inventado. El siglo XI catalán es realmente notable.

¿Cómo se produjo el primer encuentro con el personaje histórico Ricard Guillem, que inspira al Martí Barbany de la novela?

Yo tenía planteada Te daré la tierra de otra manera, pero a través de un buen amigo y compañero de estudios, Juan Alberto Valls, conocí al catedrático Jose Enrique Ruíz Doménech. Me apasionó tanto lo que sabía de este personaje, que me llegó a cambiar totalmente el planteamiento del libro y me costó dos años de retraso. Quise ampliar completamente: el personaje de Ricard Guillem me gustó tanto, que cambié al protagonista y toda la estructura de la novela para aprovechar el conocimiento de aquel. Estas dos novelas históricas, Te daré la tierra y Mar de Fuego, son de las pocas donde el protagonista de ficción existió en la vida real. En este caso, Martí Barbany es el alter ego de Ricard Guillém. Sí existió ese personaje y cuando yo marco su historia me apoyo en hechos reales de Guillem, hasta el punto de que la presentación de Te daré la tierra la hicimos en un restaurante llamado El Paraigües, en cuyo sótano está la pared de la casa de Ricard Guillem. Y pensar que esa pared tiene ahora diez siglos, que ese hombre vivió Barcelona, que conoció a esas dos personas metidas en los sarcófagos de la Catedral, a la derecha del ábside, frente por frente, que fueron Ramón Berenguer el viejo y Almodis de la Barca… a mí me emociona. A veces me he quedado en un banco mirándolo, o me he ido a Gerona con mi mujer y he visto el almohadón donde apoyó la cabeza, ya muerto, Cap d’Estopes. Son cosas que a mí me llegan muy adentro. Hay tanto que mirar y tanto que aprender… y a mí la historia me apasiona, al punto que estos datos reales de cosas que aún están me hacen parar el tiempo.

Usted ha dicho en alguna ocasión que Ricard Guillem es un personaje importantísimo, el primer capitalista de Barcelona.

Sí, así es. En toda su vida, siempre compró y nunca vendió, fue la única persona que de un beneficio hacía tres partes: la primera para vivir, la segunda para emplear en sus negocios, y la tercera para reinvertir, para hacer negocios nuevos. O sea, que fue el primer capitalista y un hombre muy importante. Cuando los judíos firmaban un contrato y hacía falta un testigo, debajo ponían la firma de Guillem y escribían Ricardus barcinonensis, que significa Ricardo de Barcelona. Lo que quiere decir que no había otro Ricardo, era él y la gente sabía quién era sin decir el apellido. Y eso es muy importante, sobre todo si la persona es conocida por el bien que ha hecho.

Se habla del siglo XI pero Barcelona se retrata en la novela como una ciudad que vive un momento de tremenda modernidad ¿Era realmente un momento decisivo para la historia de la ciudad?

Iba encaminada al siglo siguiente. Barcelona tenía ambiciones de llegar a ser en el Mediterráneo lo que fueron Génova y Venecia. Aún no llegaba a este nivel, pero tenía una fuerza interna y estaba creciendo de una manera, que ya era una de las capitales marcadas para ser, en el siglo siguiente y subsiguiente, la capital del mediterráneo. Ya sabes la leyenda del siglo XII, la de que los peces llevaban las cuatro barras en el mediterráneo, pues es por algo. Barcelona fue una ciudad-estado importantísima, que llegó a no caber dentro de la muralla, por eso fueron derribándolas y haciendo las rondas. Y hasta ahora. Gótico, Modernismo y Juegos Olímpicos, son los grandes símbolos barceloneses. Lo del olimpismo lo he añadido yo, porque después de eso Barcelona estuvo en el mapa.

También en el mapa literario, porque son varios los autores que recurren a esta ciudad como marco de sus novelas…

Es cierto, y siguen haciéndolo porque es una referencia y una baza importante. Yo estoy convencido de que ciertas novelas, si en vez de centrarse en Barcelona lo hacen en otra ciudad de España, a lo mejor no atraen tanto a la gente. Barcelona tiene un gancho especial, es una ciudad muy suya, con una historia muy peculiar y muy atractiva. Yo estoy siempre enamorado de ella y por eso la he sacado en cuatro de mis seis novelas. Es una pasión.

Usted repite que un libro es como parir un vástago y que tras acabar, uno se queda vacío. Aún así ¿ya se puede hablar de un siguiente libro?

Yo estoy con ideas en la cabeza y con algo que me atrae, pero es todavía un proyecto y no se puede hablar de proyectos porque no salen. Pero lo que sí es evidente es que cuando acabas un libro te quedas muy vacío, muy descansado, con ganas de parar un momento. Porque claro, no es solo acabar el libro: es acabarlo y entregarlo, coger la corrección literaria y repasarla, coger la corrección histórica… Estás trabajando en la novela todavía después de terminarla como cuatro o cinco meses. Y luego viene la promoción, por lo que no estás hasta que pasa medio año más.

¿Y cómo se toma la promoción? ¿Es un momento dulce o estresante?

Es un momento bonito porque es el momento de recoger el fruto que has ido sembrando en el tiempo. Luego, es muy hermoso que la gente te vaya leyendo y te vaya llamando. La gratitud y el legado del público te compensan. El año pasado, di una charla sobre Te daré la tierra en la ONCE y pude ver con qué atención me seguían esas personas, cómo sabían todo del libro, cómo me preguntaron, con qué interés y con qué inteligencia, con unos matices y finura tremendos. Cuando una persona invidente te dice “las mejores ocho horas que he pasado han sido escuchando su libro”, cuando te entregan los ocho tomos que es la novela en braille, sientes que haces el bien a estas personas. Esta es una cosa que no se puede pagar con dinero, es una emoción única.