Kotor, un verano de descanso en Montenegro

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Kotor

El turismo en los Balcanes está de moda, pero Croacia se lleva la mejor parte del pastel. Es indiscutible que este país ha sabido vender su patrimonio arquitectónico, cultural y paisajístico como nadie, lo cual le ha llevado a situarse entre los destinos de mayor tirón de Europa en muy poco tiempo.
A su sombra de tótem turístico viven sus varios países fronterizos y cercanos, todos protagonistas de una historia tan rica como convulsa. Uno de ellos es la pequeña Montenegro. Y dentro de ella, la que hoy nos ocupa es otra localidad igual de diminuta: Kotor.
También conocido como Cattara, este pueblo de apenas 1.300 habitantes se extiende a orillas de la peculiar bahía de Boka Kotorska. Decimos peculiar porque más que bahía es un entrante del Mediterráneo en el interior del país, formando una especie de ría caudalosa y sinuosa que baña tranquila el litoral.
Por Kotor han pasado los romanos, los serbios, los búlgaros, los venecianos, los austrohúngaros y de nuevo los italianos. Luego se convirtió en Yugoslavia, y logró su independencia en 2006. Una historia complicada, rica en visitantes e invasiones, que apenas ha dejado huella en su casco histórico. Muy al contrario, este se ha enriquecido con el paso de las distintas civilizaciones, sin perder jamás su espíritu marinero.
No sorprende, por tanto, que este conjunto patrimonial haya sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Se encuentra insertado dentro de un triángulo amurallado de origen medieval y que suma los 4 km de largo, y se compone de edificios históricos que se extienden de manera escalonada por el litoral. Destacan la Catedral, la plaza de San Tripun y la Fortaleza de San Ivan, que preside el pueblo desde lo alto.
También los alrededores de Kotor son ricos en encanto. En ese sentido destacan los aires venecianos de Perast y el pueblo barroco de Dobrota. Precisamente en este último, frente al litoral, encontramos lados pequeños islotes ocupados por iglesias. Se puede llegar hasta ellos en barca de remos, mientras se disfruta del magnífico paisaje de la bahía.
De Kotor se dice que es el enclave más mediterráneo de Montenegro, pero ante todo es un remanso de paz y tranquilidad. Con una rica oferta turista, aunque sin excesos ni aglomeraciones, el silencio de sus playas y sus aguas verde oliva harán las delicias de quienes buscan unas vacaciones relajadas.
En definitiva, una propuesta para desconectar de la realidad. Y sin salir del Viejo Continente.
Foto: S J Pinkney.