Los cuernos de Piqué

Como el personaje es muy sarcástico en muchas de sus acciones siempre deja abierta la puerta a las interpretaciones pero por eso mismo las casualidades en torno a su persona deben ser puestas en cuarentena.

Y es que los debates en torno al gesto que hizo Piqué Bernabéu (sólo constato una realidad, ya saben) tras marcar en Cornellá-El Prat se han centrado en si estaba justificado o no el que mandara callar a la afición del Espanyol tras sus numerosos insultos a Piqué Bernabéu, después de que el central español hubiera faltado una vez más al Espanyol en los días previos al derbi del domingo. Pero parece que a muchos de mis colegas les da miedo o respeto valorar el súbito movimiento del dedo meñique de su dedo, levantado al mismo tiempo que el dedo índice de su mano derecha. ¿Otra casualidad? ¡Pues claro hombre, seré malpensado!

Llueve sobre mojado porque Piqué Bernabéu es un filón. No sé si recuerdan. “Arbeloa es un cono-cido”, “Espero que los de la maravillosa minoría llenen al menos el campo”, “El Espanyol que ya no es de Barcelona…”, “El Espanyol que ya está desarraigado porque su propietario es un chino…” Numerosas declaraciones provocativas del central español cuando está casado con una colombiana y juega en un club fundado por un suizo.

Además de problemas de locuacidad -por decirlo educadamente-, Piqué Bernabéu debe tener algún tic en los dedos, porque en ocasiones se le estiran -sólo a él y por casualidad, evidentemente- el dedo corazón de cada mano cuando suena el himno español. No sean malpensados. “Me estoy crujiendo los dedos”, explicó. Los dedos corazones, más bien, debió aclarar.

Cosas del calentamiento durante los himnos, como cuando todos miran hacia el frente y a él se le gira el cuello hacia un lado. Pero no saquen punta a todo hombre. Sólo porque de los once jugadores sea él el que siempre dé la nota, a lo mejor es casualidad. Quién sabe.

Este domingo, al marcar el empate, el internacional por España levantó el dedo meñique de su mano derecha al mismo tiempo que mandaba callar con su dedo índice, haciendo el gesto de los cuernos a la afición del Espanyol.

No hay que hacer un muestreo entre miles de personas para darse cuenta de que levantar el dedo meñique es innecesario, pero claro a ver quién le pregunta a Piqué Bernabéu por sus cuernos. Bah, Sería casualidad.

Algunos indocumentados se apresuraron a comparar el gesto de Piqué Bernabéu de mandar callar a la afición rival con el del madridista Rául González cuando silenció a los Boixos Nois en el Camp Nou al batir a Hesp.

Les explico algunas diferencias, aclarando quien escribe que me parecen lamentables los insultos y alusiones a Shakira y a los hijos del central de la selección española.

Raúl no ‘calentó’ el clásico en los días previos. Piqué Bernabéu, el mismo que se jactó en su día de la eliminación del Espanyol a manos del Mirandés, llevaba lanzando dardos al club, a los jugadores rivales y a sus aficionados desde que terminó el partido de ida de la Copa del Rey.

Raúl estuvo todo aquel partido escuchando un cántico ofensivo hacia su esposa, entonces novia, por parte de los Boixos Nois, y cuando marcó, en la portería del fondo en el que se ubican, mandó callar a aquéllos que estaban gritando la frasecita dichosa. Piqué Bernabéu, el que tiene broncas con los Mossos d’ Esquadra a las puertas de las discotecas y escupe hielo a los directivos de la Federación en las celebraciones hizo ese gesto -con cuernos o no- tras marcar en el fondo contrario al de los ultras, desde el que mayoritariamente se canta la ofensiva canción en la que se menciona a su esposa y a sus hijos.

Acabó el partido y Raúl, que recientemente hizo las veces de embajador del Barça en Nueva York a través de la Liga -aquí te pasaste un poco, Raúl- pasó página. Este domingo finalizó el encuentro y el central español, en lugar de tratar de fumar la pipa de la paz, salió con lo del propietario chino y demás. Y los ‘pericos’, que no tienen un micrófono y una cámara delante como él para responderle, le estarán esperando para saludarle en el próximo partido. Pero a Piqué Bernabéu le va la marcha. Y no es casualidad.