El deporte español debe reconocer a nuestros militares

El fallecimiento de dos policías españoles destinados en Kabul por un atentado terrorista pone de manifiesto una vez más que los militares y las fuerzas de seguridad españolas están arriesgando todos los días del año sus vidas para que nosotros podamos vivir en paz. Y es un hecho que no valoramos ni reconocemos en su justa medida. Como nuestro contingente es más limitado que el de otros países y en muchos de los casos está desplegado en acciones humanitarias o formativas parte de nuestra población minusvalora esta generosa labor desarrollada por miles y miles de personas que se despiden de sus familias y se marchan de su casa para arriesgar su vida por los demás.

Quizás porque muchos mezclan churras con merinas y tras la dictadura no hemos logrado comprender que la bandera, el himno e incluso nuestro ejército es de todos, o quizás también porque las distintas fuerzas políticas no han sabido defenderlo así. La cuestión es que en algunos ámbitos, como en el deporte, nos limitamos a recordar a los militares españoles o a las fuerzas de seguridad -deseo que se entienda que me refiero a todas en general- únicamente guardando un minuto de silencio en los eventos deportivos cuando alguno de ellos muere.

Y ya es hora de cambiarlo. ¿Por qué los saques de honor de los partidos de fútbol sólo los realizan deportistas que han ganado algún título en sus respectivas disciplinas? ¿Por qué no se fomentan homenajes a los que están vivos? ¿Por qué no se dignifica su labor al regreso de algún contingente invitándolos a los palcos de los estadios de fútbol?

Despojémonos de prejuicios políticos o ideológicos y agradezcámosles su trabajo. El ejemplo de competiciones tan prestigiosas como la NBA o la MLB en Estados Unidos puede servirnos de modelo. Allí es costumbre que tengan un lugar destacado en las gradas con sus uniformes. Que lancen la primera bola en un partido de béisbol o que simplemente la jornada de una estas Ligas se denomine ‘Jornada en reconocimiento de los militares que han estado destinados -en ‘éste’ o en ‘aquel país’-’.

Son sólo pequeños gestos para darle las gracias a aquéllos que tratan de garantizar nuestra libertad. Recapacitemos. E invitémosles a los eventos deportivos, ovacionémosles y promovamos su reconocimiento, no sólo cuando regresan en un ataúd a España.