Mourinho, el culpable

Él es un gran entrenador, uno de los mejores. Yo juego con la ventaja de hablar a posteriori con el ventajismo que ello supone. Y un entrenador es el que mejor conoce a su equipo y sus decisiones estarán argumentadas. Pero Mourinho fracasó estrepitosamente en el ‘clásico’ del pasado sábado, un partido en el que el Real Madrid recibió un ‘baño’ en toda regla del Barça y en el que el portugués no pudo encontrar excusas para culpabilizar al árbitro, a la UEFA, al calendario o a quién sabe qué.

En los días previos al clásico, Mourinho se equivocó al no comparecer en rueda de prensa y al hablar por boca de dos portavoces. Él no tiene que rendir pleitesía a la prensa, pero los socios y aficionados madridistas sí tienen derecho a saber lo que piensa su entrenador antes de un partido de esta trascendencia, en lugar de escuchar al segundo entrenador. Cuando el sábado por la mañana, su portavoz reclamaba que el Bernabéu fuera “un infierno” la situación se tornó patética. El único entrenador con dos portavoces volvió a hacer el ridículo, él y los que se lo consienten.

En su equipo, Mourinho se equivocó al no apostar por tres mediocentros, la opción conocida popularmente como el ‘trivote’. La alineación en el centro del campo de Khedira o incluso la de Pepe como acompañantes de Lass y de Xabi Alonso hubiera fortalecido la línea de presión sobre los centrocampistas azulgranas.

En su once titular, Mourinho se equivocó también al elegir a Özil como titular. El alemán deambuló por el campo como había hecho en partidos precedentes, recordando al peor Guti. El sábado no era un partido para apostar por jugadores que no estuvieran bien físicamente, ya que resultaba imprescindible el sacrificio y la solidaridad defensiva. Fue patético ver a Casillas una y otra vez reclamando a gritos tanto al alemán como a Cristiano Ronaldo que bajaran a defender.

Mourinho se equivocó al no variar su planteamiento inicial. Superada la oleada inicial madridista y con ventaja en el marcador, era el momento para apostar por el trivote o por lo menos, al descanso, haber introducido alguna novedad en su equipo. El portugués debió ser la única persona presente en el Bernabéu que no se percató de que en el caso de no cambiar la decoración el Barcelona se llevaría inevitablemente la victoria.

Mourinho se equivocó al no sustituir al autoproclamado como “mejor jugador del mundo, segundo mejor y tercero mejor”. Haber mandado a su compatriota, aunque hubiera sido el último cuarto de hora, al banquillo, habría supuesto una cura de humildad para el delantero, que volvió a pecar del individualismo de otras temporadas. Mención aparte merece el tema de las faltas. Cristiano Ronaldo ha lanzado 23 faltas consiguiendo 0 goles. ¿Qué tiene que hacer Xabi Alonso para lanzar alguna?

Mourinho ganará o perderá la Liga o la Champions, pero el sábado volvió a quedar en evidencia a la dirección de la que posiblemente es la mejor plantilla del mundo. Y el Barça, sacando el balón jugado desde Valdés con su fidelidad a la filosofía de Guardiola, volvió a demostrar que la clave es saber a lo que se juega. Mou y su corte de sectarios, los que le vanaglorian por haber conquistado una Copa del Rey, buscan nuevos culpables para no reconocer sus errores.

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