¡Qué fácil es culpar a los árbitros!

Vaya por delante que creo que Higuáin le dio con el pecho o, mejor dicho, con la axila, pero ni siquiera puedo estar cien por cien seguro de si fue o no penalti, a pesar de haber visto unas cuantas veces las imágenes de la polémica jugada. Creo que si el balón hubiese impactado directamente en el brazo el balón se hubiese frenado, y no lo hizo, lo cual eso me hace pensar que puedo estar en lo cierto. Sin embargo, como no tengo la certeza de que fue lo que pasó, hubiese hecho como Teixeira Vitienes y no hubiese pitado la pena máxima.

El caso es que no sé como a estas alturas hay medios de comunicación que siguen culpando a los colegiados y a los clubes que se que se ven beneficiados por una determinada decisión arbitral de los malos resultados de un equipo en la clasificación liguera, como si eso fuese siempre lo más importante. Son esos mismos que continúan lamentándose de lo malos que son los árbitros españoles y defendiendo lo buenos que son fuera del país. ¿Como Obrevo o Howard Webb?

Me quejo, porque yo, como millones de aficionados de uno y otro equipo, me he cabreado cuando mi equipo ha perdido por una decisión arbitral, pero se me ha pasado y, sobre todo, nunca se me ha ocurrido pensar que un árbitro perjudica a un club intencionadamente. Así que me parece una gilipollez eso del ‘villarato’, a pesar de que el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, no es santo de mi devoción, y me resulta una memez aún mayor que haya algunos periodistas que insistan en ello. Por no hablar de las chorradas que llegan desde algunos medios catalanes que afirman que el triunfo del PP en las elecciones del 20N perjudica al Barcelona y beneficia al Real Madrid.

Así que, por favor, dejemos arbitrar a los señores que van de negro y amarillo. Si lo hacen bien seguirán en Primera División y si no pues no volverán a arbitrar en la máxima categoría o estarán, como mínimo, una temporada sin pitar, pero, salvo alguna excepción que pueda haber, dudar de la profesionalidad de alguien que soporta estoicamente (mucho mejor que los futbolistas) los insultos a su madre, los escupitajos y los paraguazos que provienen de la grada, es un tanto ridículo.