Un monumento a Emery


En los tiempos en los que Mourinho desacredita la profesión de entrenador y Guardiola intenta hacer las veces de filósofo –tal y como dijo Ibrahimovic, aunque fuera desde el despecho-, el fútbol español debe celebrar la presencia en la Liga BBVA de un gran técnico, meticuloso en su trabajo, honrado con su profesión, humilde como persona y posiblemente con mucha carrera por delante.

A Unai Emery es de las personas a las que se les nota que les gusta hablar de fútbol. Es un placer escuchar cualquier entrevista al de Fuenterrabía opinando con modestia, siempre respetando a sus compañeros y permanentemente hablando con criterio.

Además de que se aprende de fútbol escuchando a Emery, se ve a la legua que es un buen tipo. Alguien que es capaz de echarse a las espaldas las culpas cuando su equipo ha recibido una goleada y que sin embargo deja el protagonismo para la entidad y los jugadores cuando llegan las vacas gordas habla muy bien de él como persona.

El guipuzcoano, a quien tampoco le importa hablar con naturalidad de su vida privada, de lo que le gusta cuidar su imagen como persona pública que es (y representando a un club que tiene un prestigio) hace méritos un día sí y otro también para dar próximamente el salto a uno de los dos ‘grandes’ o quién sabe, para sustituir a medio plazo a Vicente del Bosque en la ‘Roja’.

Emery, nacido un 3 de noviembre, honorable fecha, tuvo como futbolista una carrera modesta, en la que fundamentalmente se movió entre Segunda y Segunda División B y debutó como entrenador en el Lorca, a quien ascendió a Segunda División y con quien llegó con opciones hasta la última jornada de la temporada para dar el salto a Primera.

Fichó por el Almería y ascendió a los rojiblancos, finalizando en la octava plaza de Primera División la siguiente campaña, en la segunda mejor clasificación de un equipo recién ascendido en toda la historia de la Liga.

Del Almería dio el salto al Valencia, equipo al que dirige desde 2008 con un éxito rotundo pese a que le desmantelen la plantilla año tras año. Si ya de por sí se merecía Unai un reconocimiento por sus logros en Lorca o Almería, lo que está haciendo en la capital del Turia es impresionante. Resulta insultante que a mediados de la pasada temporada estuviera en duda la continuidad de Emery, aunque las dudas llegaron por dos males endémicos del Valencia. Que sus aficionados no se hayan acostumbrado a estar un peldaño por debajo de los dos ‘grandes’ y que los dirigentes chés hayan señalado en ocasiones con el dedo al técnico para tapar sus culpas por su ruinosa gestión económica.

Emery pasó en la picota gran parte de la pasada temporada sin enervarse cuando los rumores vaticinaban que Sánchez Flores ocuparía su lugar meses después y cuando los prebostes daban la callada por respuesta sobre el tema en lugar de defenderle. Al final, ya saben. Barcelona, Real Madrid y Valencia.

Por la deuda acumulada en la época de Juan Soler –qué daño le hizo al Valencia-, Albiol, Silva, Villa, Marchena y Mata han dejado en las últimas campañas huérfano de estrellas Mestalla. Han permitido que el club del rat penat (murciélago) aliviara en 117 millones de euros su situación pero que perdiera indudablemente mucha capacidad competitiva.

Pero ahí está el bueno de Unai Emery, rodeado de un batallador grupo de futbolistas que pueden identificarse en Soldado, para seguir haciendo historia en la capital del Turia. Quizás algún día se lo reconozcan. Es la única estrella que le queda al Valencia.

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