El Algarve, benfiquista y madridista

Futbolín de la Casa do BenficaDe vuelta de las vacaciones, qué mejor oportunidad que contarles de primera mano cómo se vive el fútbol en el Algarve, un destino muy recomendable y en el que se puede encontrar tranquilidad o fiesta y cultura o playa, todo ello unido a la amabilidad de nuestros vecinos portugueses. Evidentemente, estaré encantado de atender por e-mail las dudas de cualquier lector que quiera algún consejillo si sopesa este viaje, pero vamos a entrar en profundidad en la pasión con la que se disfruta y se sufre el deporte rey en el sur de Portugal, un lugar en el que se venera a la Selección de su país, al Benfica… y al Real Madrid.


Casa do Benfica en SilvesSin duda alguna, el Algarve es benfiquista.
Pese al dominio del Oporto en la Superliga, en la que ha sido el clarísimo dominador en los últimos años, y pese a que la capital está a entre 200 y 300 kilómetros del sur del país, la pasión por el Benfica es tan alta que parece que es el equipo de la ciudad que visites, donde se visten con las camisetas encarnadas -e incluso alguno hasta con bufanda, en pleno agosto- para seguir los encuentros por televisión.En muchísimas localidades, la peña del Benfica ocupa un lugar destacado y hasta en los futbolines se respira ambiente de derbi lisboeta, ya que el rival es el Sporting de Portugal (que no Sporting de Lisboa, como acostumbramos a decir en España). La foto, por cierto, es de la Casa do Benfica en Silves, una ciudad convertida completamente en medieval en fiestas.

Tienda de Força PortugalAl amor que los portugueses del Algarve tienen mayoritariamente a ‘su’ Benfica se suma la pasión con su selección. Toda la costa está plagada de tiendas llamadas “Força Portugal” en la que dominando sobre los típicos artículos playeros y las camisetas de los equipos europeos más importantes se encuentran todo tipo de objetos de la selección, con Cristiano Ronaldo como estrella. ¿Se imaginan ustedes en España una cadena de tiendas que se llamara ¡Viva España!? Varios grupos políticos mostrarían su malestar, otros lo tildarían de provocación e incluso algunos diarios resucitarían a Franco. Si casi pidieron que se quemara en la plaza del pueblo a Sergio Ramos por su -desafortunado, pero nada más- comentario de ¡Arriba España!… Esa cadena de tiendas estaría vetada en varias provincias, CiU y ERC pedirían el boicot a sus productos y grupos de gamberros lanzarían pintura roja a sus fachadas.


Tienda de CR7 en VilamouraTienda de Cristiano Ronaldo en VilamouraCristiano Ronaldo y Figo tienen además, sus propios negocios en la zona comercial del puerto de Vilamoura,
muy glamouroso, por cierto. En el caso del delantero del Real Madrid, se trata de una tienda de ropa, siempre repleta de turistas y curiosos -como un servidor- pero con un gusto que a mi parecer dista mucho de los yates y los coches de lujo que se ven en el lugar. Los bikinis, la ropa de niños y los accesorios son un poco macarras, para qué vamos a andarnos con rodeos. Pero la tienda siempre llena, aunque sea para cotillear.

A pocos metros de allí está el Sete Café (el siete, por el número de su camiseta), un restaurante que montó Figo con un socio chino, que decora gran parte del interior del establecimiento con fotos en las que aparece junto a deportistas de élite, futbolistas mayoritariamente y sobre todo del Real Madrid, gracias al enchufe de Figo, digo yo.

El restaurante, sin wifi -por lo menos el día que yo pretendía cenar allí- pese a anunciarlo en grandes carteles, ofrece el típico menú playero, con platos combinados, hamburguesas y demás. Pese a que la comida tiene un aspecto igual o más discreto que en otros restaurantes, eso de decir que se ha cenado en el bar de Figo hace estragos, ya que siempre está repleto pese a ser muy amplio y a tener tres zonas, una a modo de restaurante, otra a modo de café y otra en forma de pub, en cuyo interior pueden encontrarse fotos a tamaño real de varios madridistas con la elástica blanca (Raúl, Ronaldo, Beckham y Figo) y sus respectivas firmas.

Sete Café en VilamouraEl Real Madrid es adorado en el Algarve, ahora que está lleno de portugueses y más con los carismáticos Mourinho y Cristiano Ronaldo. El mensaje de Mou como víctima cala hondo entre sus compatriotas.

“En España pasa con los árbitros y el Barcelona un poco como sucede aquí en Portugal con el Oporto”, buscando un paralelismo con los intentos de soborno del presidente del Oporto a varios colegiados que propiciaron que la UEFA eliminara en 2008 al club del norte de Portugal, penalizado con seis puntos en su Liga.

El protagonismo que han adquirido sus jugadores propicia que los portugueses hayan ganado en autoestima en las posibilidades de su fútbol y más concretamente de su selección. “Podemos hacer algo grande, ya que por ejemplo, la defensa, es prácticamente la del Real Madrid”, esgrimen, en relación a Coentrao, Carvalho y Pepe.

Mucho madridismo sí, pero la mayoría de las camisetas que portaban los turistas –al margen de las del Benfica o de las que llevan los guiris ingleses de sus respectivos equipos- eran azulgranas y con el nombre de Messi a la espalda. A nosotros nos podrán decir misa, pero mi suegro y yo no nos creemos que el Real Madrid venda hoy en el mundo más camisetas que el Barcelona. Vayas donde vayas, ves Messis por todas partes. Incluso en Madrid, en los últimos años, miles de personas visten de azulgrana. Que Cristiano vende más colonias o graba más anuncios de champúes, vale. Pero esas estadísticas de venta de camisetas, discúlpenme, pero no me las creo.

Fue en Alvor -bonito pueblo pesquero-, donde vi los dos clásicos. Y fue gracias a internet, porque preferí verlo en casa a en un bar repleto de ingleses con la música a todo volumen. Por cierto, lamentable que Televisión Española anuncie a través de su web que se va a ofrecer la retransmisión por internet y luego, por problemas con los derechos de imagen, no lo ofrezcan para los que se conecten desde fuera de España (había mensajes de protesta de muchos países). No me pregunten por qué, pero a través de la aplicación para iPad de TVE sí que me llegó la señal (si no, tenía Roja Directa como solución de emergencia) para poder ver dos estupendos partidos de fútbol que le demostraron a Mourinho que ese Madrid puede jugarle al Barça de tú a tú -como hizo en la final de Copa- sin tener que dar patadas o dejar el césped sin cortar.

Los incidentes de la vuelta fueron una vez más bochornosos. De Mourinho, de quien he dicho en reiteradas ocasiones que me parece indigno del Real Madrid, no me sorprendió nada. Ni que le metiera el dedo en el ojo a Vilanova, ni sus gestos de que olía mal al acercarse Messi y  Alves (ver vídeo), ni de que –al menos en mi opinión- le pisara la cabeza a Cesc (ver vídeo).

Messi, tras su gol al Real MadridSin embargo, la actitud de los jugadores y técnicos del Barcelona -que no sabe que el Real Madrid se llama así y lo llamó Reial Madrid en sus hojas con las alineaciones- también resultó muy desagradable. Las imágenes y las conversaciones desveladas a posteriori dejan en muy mal lugar a algunos profesionales que quieren quedar sólo como víctimas. Messi, quien me parece (o parecía) un ejemplo por su saber estar cuando le pegan más que a una estera, se pasó de chulo y de provocador con su escupitajo y sus gestos hacia los suplentes madridistas y hacia varios jugadores que estaban en el césped. Es cierto que si esos gestos los hace Cristiano, hoy estaría crucificado.

Con Pinto otra vez metido en la gresca, no he visto desmentido alguno respecto a las acusaciones que salen de fuentes del Real Madrid y que aseguran que Guardiola y Vilanova gritaron en reiteradas ocasiones al banquillo madridista “¡Sois una puta banda! tras los goles azulgranas. Guardiola, Guardiola. A ver si va a ser verdad que eres un lobo con piel de cordero y no te voy a poder defender. Sea como fuere, vaya bochorno, y retransmitido a todo el mundo. Otra vez con Mou como protagonista. Un Mou que a buen seguro será hoy jaleado por la afición madridista en el Trofeo Bernabéu, porque ha alienado a la masa y ha convencido a gran parte del madridismo que o se está con él o se está con el Barça. Qué pena.

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