River Plate y la chusma del fútbol argentino

Me disgustó el descenso de River. Cualquiera a quien le guste un poco el fútbol y que sepa la trascendencia que éste tiene en Argentina es capaz de comprender que lo sucedido es un drama para millones de personas. Sin embargo, cuando anteayer se hizo público el vídeo en el que los empleados del  club bonaerense guiaban a los ultras de su equipo para amenazar en el descanso de muerte a los árbitros, mi reacción fue bien distinta. ¡Pues que se jodan!, pensé. Porque los calificativos se agotan con algo así. Escandaloso, bochornoso, vergonzoso y repugnante.

Es incomprensible que día tras día se sucedan hechos así en un país tan presuntamente desarrollado como Argentina y nadie toma cartas en el asunto. Muertos por tiroteos entre ‘barras bravas’, jugadores liándose a patadas y puñetazos, incendios en las gradas… Algo tercermundista e indigno de un país emblema en esto del balompié. Parece que quieren dar la razón a los que aseguran que son italianos que hablan español. Los brasileños tampoco les andan a la zaga y el espectáculo de la tángana entre los jugadores del Santos y los uruguayos del Peñarol refleja el ‘efecto contagio’ en todo el fútbol sudamericano.

Lo de los ultras de River es la gota que ha colmado el vaso, pero desgraciadamente, como es el enésimo episodio de locos en el fútbol argentino no ha tenido la trascendencia pública que merece. Por si todavía no se han enterado del asunto, que (por fin) puede conllevar una sanción ejemplar -se habla de veinte partidos de cierre y pérdida de 18 puntos-, les contaré que la Justicia tiene en sus manos una grabación del Monumental (pinchen aquí para ver el vídeo) que muestra al jefe de seguridad de River, al encargado del estadio y a otro empleado, indicándole a varios ‘barras bravas’ (ultras) cuál era el camino para acceder al vestuario del árbitro sin pasar por delante de la Policía.

Su objetivo era claro: Decirle a los árbitros que morirían si su equipo no ganaba por dos o más goles y salvaba la categoría. Para mayor escándalo, el secretario del club, Daniel Bravo, habría sido quien ordenó que los ultras pasaran a ‘conversar’ con el colegiado. “Háganlo ahora, pero háganlo rápido”.

Y esto, señores, pasa en Argentina, un país de artistas del fútbol, el del gran Messi, el del genio Agüero y del admirable ‘Pipita’. Un país con mucho que admirar pero que con hechos como éste da una imagen deplorable al exterior, no sólo por el poder que han ganado las ‘barras bravas’ sino porque el propio fútbol argentino lo consiente.

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