Buenas noches y buena suerte

El repelente grito de “a por ellos” que resonó en toda su cutre malignidad me obliga a refugiarme en un ejercicio de cinismo, a hablar de los Stones y de Hefner para no plantear más preguntas como: dada la animadversión reiterada contra los catalanes, que le dio votos a Rajoy por laminar el Estatut, ¿por qué les sabe tan mal a esos españoles de “a por ellos” que los catalanes se separen?, puesto que no es por el cariño que le tienen, ¿por qué es?¿ por dinero?.

Dejémoslo estar, vivan los Stone que siguen dando la matraca cuando los Beatles están medio muertos (John y George), The Who ya no cantan, Crosby, Still and Nash han perdido la voz. Simón y Garfunkel son dos tietas catalanas para no hablar de Beach Boys, América o Mamas and Papas.

No soy partidario de los Stones porque representan el lado oscuro que generaría lo Punk y que enterraría a los hijos de las flores. Me quedo con The Doors, a medio camino entre Beatles y Stones. Pero los Stones tienen algo vampírico, del que nunca muere y que habita tinieblas, que los hace admirables a pesar de todo.

Como lo ha sido el horroroso Hugh Hefner un calvinista puritano del Midwest que lideró con Playboy la “revolución” sexual de USA. He visto pocos tipos menos eróticos que Hefner pero es que los caminos del señor son inescrutables. En los sucesos de Chicago de 1968 fue apaleado por la policía porque pasaba por allí. Lo estaba viendo por TV desde Milwaukee y me proporcionó un perverso placer ver cómo le zurraban los polis de Chicago, los auténticos “Blue Meanies” de los Beatles. Prefiero pensar en todo eso.