Del terror

El terrorismo es una guerra sin ejército y no por azar fue inventado por un notorio musulmán el persa Hassan ben Sabbah en el siglo XII. Este Hassan, conocido como El Viejo de la Montaña, se encerró en el castillo de Alamut al sur del mar Caspio y adiestró con hassish a sus hassishins o asesinos.

A estos jóvenes les daba de fumar pipas de hash en los jardines y los acompañaba con hermosas jóvenes durante noches paradisíacas. Luego, al día siguiente les explicaba que esas delicias del Paraíso que acababan de gozar volverían a ser suyas si le obedecían ciegamente hasta la muerte.

Con ese grupo de asesinos engañados con el hashis –que ahora sale mucho más barato el Viejo de la Montaña aterrorizó Oriente durante la época de las cruzadas. Aun duraron los asesinos un par de siglos bajo otros Grandes Maestros, hasta que fueron borrados del mapa por la horda de los mongoles que arrasó Bagdad y Damasco.

Pero si los asesinos desaparecieron la idea del terrorismo permaneció. Un grupo de jóvenes fanatizado en busca del paraíso para aterrorizar al enemigo ya que no puede ganarle en batallas abiertas. No me puedo imaginar –siendo yo mismo de la Seu de Urgell- que delicias paradisíacas podía presentarles el imán de Ripoll a los jóvenes marroquíes. Es todo mucho más cutre que en el siglo XII, en que se clavaba un puñal en la almohada del gran visir con una nota: “la próxima vez será en el cuello”. Ahora son crímenes de masas, como la época en que estamos. Pero no menos asesinos y deleznables.