Corruptos y polacos

En un país de comunión diaria, el Cardenal Segura de Sevilla salía a excomunión diaria, se decía después de la guerra. Ahora, salimos a imputación diaria, la última muy aplaudida por los buenos aficionados al fútbol. Este Villar había convertido la Federación en el patio de su casa y la Liga en su capricho, la selección nacional en sus empleados.

El primer artículo que escribí en mi vida se llamaba “El búnker del fútbol”, lo publicó la revista Destino en 1976 y allí expliqué que el reducto más franquista que quedaba en España era el Colegio de Árbitros, con Mr. Plaza. Por desgracia puedo afirmar lo mismo cuarenta años después con el batracio de Sánchez Arminio. Ahora es el momento de acabar con eso.

Y los polacos, ese país que complica Europa desde hace siglos. Causó guerras napoleónicas, la segunda guerra mundial y ahora, que está aceptado en la Comunidad Europea, decide matar a Montesquie, cual un Alfonso Guerra más, y anular la división de poderes.

Así como Inglaterra pidió irse, yo creo que los países europeos debemos pedir a los polacos que se vayan. A España se le impuso como condición para entrar a la UE -como a todos los demás- que fuese una democracia. Si Polonia deja de ser democracia debe ser expulsada.

Nunca entendí las prisas por admitir a Rumanía, Bulgaria y Polonia. ¿Para crear un cordón sanitario contra Rusia? Sería la explicación más lógica porque, dadas estas pulsioneras totalitarias polacas, parece que la admisión fue precipitada. Y de los polacos en España, hablaremos otro día.