Samaranch y la Olimpiada

Los veinticinco años transcurridos nos dan perspectiva para evaluar la importancia y el valor que tiene el 92 para Barcelona. Enormes. Y creo que nada hubiese sucedido si J.A. Samaranch, presidente del Comité Olímpico, no le hubiese sugerido a Narcís Serra, alcalde de Barcelona, que presentara la candidatura de la ciudad a los Juegos Olímpicos del 92.

Después Maragall dio los saltitos y Juan Antonio Abad organizó la logística del evento, pero el inicio sin el cual nada habría sucedido fue J.A. Samaranch. No leerán esto muchas veces porque Samaranch tenía un inconveniente “imperdonable”, un pecado original, era franquista, creo que de la falange, no estoy seguro, y periquito, esas cosas en la era post-franco no se olvidan, se penalizan y pasan factura.

Creo que el tiempo ya nos distenció lo suficiente para romper una lanza en favor de Samaranch, que fue muy hábil y tuvo mucho mérito. Se fue a Rusia de embajador al morir Franco (era presidente de la Diputación de Barcelona) y allí usó sus contactos para lograr los votos olímpicos de los grandes bloques: los países comunistas y los latinoamericanos.
Una vez me confesó que se sentía más seguro en Rusia que en España, donde explotaron al alcalde Viola y algunos próceres más. Desde su embajada aseguró los votos del COI para Barcelona.

Después J.A. Abad, comunista de pro, el único directivo de PSUC que no entregaba su sueldo al PC, organizó de mano maestra los complejos mecanismos logísticos de los Juegos Olímpicos: la población de Barcelona hizo el resto. Estatua para Samaranch, una calle, al menos.