Plasma o plasta

Parece que Rajoy no conseguirá el plasma, pues no les arriendo la ganancia si han de sufrir en persona sus vibraciones célticas, sus retrancas gallegas, sus reticencias irónicas. ¡Qué va a decir! Mucho menos de lo habitual, o sea, casi nada, pero son buenos para la democracia estos rituales de contrición o astricción, mantiene viva la ilusión y el fervor.

Lo que ya es increíble es que en España existan tipos como el fiscal Moix, ese esperpento surgido de una reencarnación de inquisidor dominico con tomate mallorquín. Los frailes españoles que interrogaban, confundían y quemaban a pobres mujeres acusadas de brujas debían tener el aspecto repelente de este Moix, que necesita estudiarse con el libro de las “Fisonomías” de Lavater en la mano. Luego buscar el capítulo de los rasgos de Mena y del ministro catalán, de aspecto zorruno.

Qué país más desagradable esta España siglo XXI que está tan corrupta, que incluso el fiscal Anticorrupción corrompe a Panamá porque no puede hacerlo más cerca. Entonces la cadena de turno nos saca un poco de Pujol y Marta para que veamos que hasta en la irredenta e impoluta Cataluña cuecen habas.

Dan ganas de irse a un país, de esos del Norte: ¿Holanda, Suiza?. ¡No vayas ahí que te morirás de aburrimiento!, me avisaron años ha, cuando me buscaba un lugar bajo el sol. Pues no, hay que sopórtalo aquí, con sus castizos y sus cumbayás, los corruptos y sus fiscales. ¡Viva España, coño!, como decía Umbral.