Cubafilia, castrofobia

| Foto: Mariano Sevillano

Quien conoce Cuba sabe que es un paraíso paralizado por un sistema pseudo comunista que no permite a la gente tener un huerto porque eso sería iniciativa privada. Con aquella tierra fértil en que todo puja, los huertos privados solucionarían la mitad de necesidades alimenticias.

Pero la castrofobia lo impide. Luego el cuento del bloqueo yanqui. Falso. Los pollos que se comen en Cuba vienen de Kentucky. Hay un edificio en La Habana lleno de yanquis que es la oficina de comercio de USA. A pesar de lo cual usan a USA como amenaza exterior es el recurso manido, ya lo hacía Franco con el comunismo y la conspiración judeomasónica.

Basta ir a Cuba para quedar enamorado de su gente, su naturaleza y su arquitectura. Basta hurgar en poco para comprobar el freno económico enorme que supone el sistema colectivista.

Cierto que Castro devolvió el orgullo al pueblo cubano, aboliendo el sistema de Batista de convertir a Cuba en una colonia de USA y su casino tropical. Castro salvó a Cuba de que Meyer Lansky invirtiera el dinero de la mafia para convertir La Habana en las Vegas. Y Castro dio educación a todos y medicina. Pero no encontró el modo para compatibilizar estas cosas buenas con un desarrollo floreciente del país. No supo. Con él, Cuba se vino abajo económicamente y La Habana en una Pompeya dilapidada por el volcán comunista. Castro tuvo cosas muy buenas y muy perjudiciales. Fue peor de lo que creía ser. Y eso que estudió en los jesuitas, que de eso saben.