La Habana, bajo el volcán

Cuando fui a Cuba por primera vez en 1994 me pareció llegar a un país dilapidado por alguna fuerza de la naturaleza. La Habana podía compararse a las ruinas de Pompeya. El Vesubio había sido la revolución castrista que arrasó la ciudad más bella, rica y pujante de Sudamérica.

En 1850 La Habana era una ciudad más rica y populosa que Nueva York. En 1959 se viró hacia un sistema económico comunista. Cien años después, es una ruina.

Me dediqué a la arqueología urbana, a detectar, por medio de los palacios y grandes casas burguesas cómo debían haber sido aquellos barrios. No me cabe duda, por el tipo de edificaciones que aún quedan, muy destartalados, pero enteras, que en La Habana existió una clase media muy importante. Y si hay clase media, el país es desarrollado.
Luego vino la revolución y esa clase media y rica se exilió a Miami, dejando La Habana como un caparazón vacío. Hermoso, pero triste, con la belleza nostálgica de las minas. El Art Nouveau de La Habana es de los más completos del mundo. Mi amigo Pepe Ribas dice que de ahí pasó a Barcelona.

Ahora desaparece el Vesubio, muchos prevén grandes cambios. Creo que no. El hermano Raúl siempre controló la policía, inspirado en la KGB rusa y los militares son allí “la casta” u oligarquía que gobiernan el sistema. No habrá cambios mientras esté Raúl Castro en el poder y luego es incierto. Dependerá de la actitud del ejército, que ojalá sea tan generosa como la del español después de Franco.