El más sensato es Margallo

El exministro de Asuntos Exteriores presenta su libro: “Europa y el Porvenir” y ha declarado que una reforma constitucional resolvería el encaje catalán en España. Da gusto oír algo constructivo en este diálogo de sordos que es la mala relación de Madrid – Barcelona.

La judicialización del conflicto no es la solución, según él, porque “el partido no se juega en casa, se juega fuera. Y en segundo lugar, para que la unidad de España se mantenga debe basarse en la cordialidad, porque estamos discutiendo sobre afectos. Hay que tener en cuenta los motivos de la desafección: la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estaut, el tema de la lengua y cultura y el sistema de financiación, que es un disparate”.

No puedo estar más de acuerdo con Margallo. La táctica del avestruz, de esconder gallegamente la cabeza, solo puede ir al desastre, al choque de trenes. Hay que hablar y pactar y cambiar la constitución para que el Sur no se aproveche del Levante con el beneplácito de Madrid.

En el Sur, Felipe González ha sacado su mirada maligna de jabalí para atacar al pobre Sánchez, olvidando aquello de que no debe fustigarse a los caballos muertos, que dicen los ingleses. El PSOE promete darnos alegrías - al menos a mí - si se ponen el plan purga depuración estalinista, que parece gustarles.

Y en Barcelona la desunión es local, en torno a la alcaldesa, esa saltimbanqui intelectual que ha puesto un argentino a gobernar la ciudad. Lo siento, pero no soporto a ese Pisanelo, o como se llame. Es el que quitó los toros de Cataluña. ¿Qué sabía ese sujeto de lo que necesita Barcelona, si no sabe qué es Barcelona? La Colau parece que tampoco. Pero Trías se rindió sin condiciones. Comodón.