Una realidad superada

Este era el título de Carlos Castañeda para el segundo libro de las enseñanzas de brujo mejicano Juan Matus. En esa realidad mágica parecen vivir la prensa, la radio y la televisión. Allá fuera, lejos de esa copia que a veces adquiere vida propia y se cree que es, realmente, la realidad, está la auténtica realidad, la de primera mano, la original.

Y la realidad de primera mano quería Trump, no a Hillary, pero los progres de la prensa, entre los que prefiero incluirme, decidimos que quien ganaría sería Hillary, porque no repelía el otro candidato. Cuando me despertó mi asistenta y me aclaró: “Ha ganado el hombre”, quedé tan pasmado como el día del Brexit.

Los medios a veces creamos una realidad que acabamos creyéndola porque nos gusta. Pero esa cosa enorme, titánica, rocosa, ineluctable que es lo que sucede en la realidad, no en nuestros deseos e inclusiones se acaba imponiendo. Pero no se alarmen. Nunca pasa nada, nada importa nada y no llegará la sangre al río, que, eso sí, es el de Heráclito, no el de Platón.

Como soy practicante del Tarot -y de la Física Cuántica- veo a Trump como el arcano suelto, el Joker, ese arquetipo que recorre todos los demás, los encarna y luego se lanza al camino para chocar al personal. Jack Nicholson lo encarnó en la película de Batman en una de sus apariciones magistrales como el gran payaso, que destruye obras de arte, menos en Bacon que, irónicamente, indulta: “Este me gusta”.

Así veo a Trump: no me gusta, pero empieza a intrigarme. Por lo menos no nos aburrimos. De hecho, no ganamos para sustos.