Sonó la flauta

Me decía mi paisano Begolat que fue secretario de Samaranch en Moscú que J.A. afirmaba que lo más importante de una olimpiada era la ceremonia de inauguración. Si esta sale bien, solo una catástrofe la puede estropear.

En Río el tema digital, ordenador, efectos ópticos lo arregló casi todo. Yo aún no sé si los cohetes eran reales o digitales, además los colores bien usados taparon muchas cosas. A falta de catástrofe Brasil salió pasablemente bien del apuro.

Conozco el país y sé de su capacidad para organizar el caos, que eso es Carnaval, y sobrevivió a los Juegos. También conozco gente que se extrañó de la ausencia de ningún medio de la casa Real en las inauguraciones. El Rey emérito hubiese cumplido ese papel perfecto: ¿Por qué no le dejaron ir, o no se les ocurrió que fuera?. El cuento de que no tenemos Gobierno me parece ridículo y precisamente para estos casos existe la Monarquía como elemento de continuidad. Alguien se equivocó en Madrid.

En Barcelona resuena el vacío con respecto a Samaranch. Lo mejor que le pasó a Barcelona en el siglo XX fueron Gaudí y los Juegos del 92, tanto es así que vivimos de ambos. Que J.A. Samaranch no tenga una calle o plaza importante en Barcelona es un símbolo de desagradecidos. Este municipio tan mantero que acoge a todo el mundo, no debe olvidar el gran favor que nos hizo Samaranch. Gracias a él hemos reemplazado el textil por el turismo.