Los sentimientos en evolución

Lo que podríamos llamar el análisis transcultural de sentimientos supone normalmente un aspecto temporal diacrónico: creo que un europeo del siglo XV, e incluso XVIII se parecería más a un chino o un indio, que las representativas poblaciones de ahora. Ello es así porque en Europa, en el siglo XIX, el Romanticismo cambió de modo radical las nociones de amor, sentimientos, matrimonio, adulterio y familia.

En el régimen antiguo, pre-romántico, los sentimientos se dejaban aparte del matrimonio, tanto en Asia como en Europa; así podemos leer en el “Tratado sobre el Amor” de Andreas Capellanus, que recoge el código amoroso de los trovadores y las cortes de amor: “El matrimonio no es obstáculo para el amor”. En Oriente esto sigue así, pero en Europa la concepción romántica se empeñó en la coincidencia de amor y matrimonio; en este siglo Hollywood ha mantenido fervorosamente la misma cruzada romántica.

En Oriente, como aquí, la noción de amistad aparece en la gran literatura: tan amigos fueron Li-Po y Tu-Fu, dos poetas de la época Tang como Montaigne y Etienne de la Bioetic. La lírica amorosa persa es tan intensa como la de los trovadores, y en parte la inspira. “El collar de la Paloma”, esa maravilla escrita por Ilon- Azam de Córdoba en el año 1000 es un tratado sobre el amor tal como se entiende en el Oriente islámico; Kabir en la India pensaba lo mismo – sentía debo decir- que el cordobés. En China los poemas de amor son tan abundantes como en Europa, y anteriores, porque la época Tang se sitúa antes de los trovadores.

La naturaleza humana profunda se revela semejante en Oriente y Occidente; la sociedad, la educación y las leyes han modificado algunos aspectos exteriores que llegan a afectar las interacciones sentimentales: no es lo mismo para un inglés enamorarse de una española que de una china con familia en Singapur. El peso de la familia oriental condiciona la expansión de los sentimientos de modo olvidado en Europa; aquí en los sentimientos somos casi todos románticos, salvo los ilustrados y racionalistas a ultranza que aún mantienen las ideas y con ellas los sentimientos del siglo de las luces, el gran enemigo del Romanticismo.