No cunda el pánico

Se cuenta de Nasrudin el místico súfi que un amigo lo encontró escudriñando debajo de una farola -¿Qué buscas?, -la llave de mi casa. -¿por qué no la buscas cerca de la puerta?, -porque aquí hay más luz.
Pasa lo mismo con las malas noticias: hay más donde se publican más periódicos y emiten más radios. En África se han estado matando los nativos durante siglos: solo ahora conocemos cada uno de los ataques y algunos incluso los podemos ver.

Dicho esto, hace años que sabemos que el gran problema del siglo XX y del XXI ha sido acomodar a los 6.000 millones de habitantes en el mundo, organizarlos, alimentarlos, moverlos y que no pase nada. Pues pasa. Es inevitable. El número de seres humanos es tan alto – en época de Jesucristo bebían ser a los -menos 300 millones- que es muy raro que aún no sucedan más desastres de los actuales.

Dado que la realidad, como han demostrado los científicos, está basada en el azar, estamos vivos de milagro, esperando que no nos atropelle una bicicleta, no caiga el avión o nos envenene un microondas con un cáncer.

Llevamos una racha veraniega nutrida, pero no se alarmen: es lo menos que nos podía pasar desde que en Europa nos pusimos en manos del doctor Fausto y su diabólico pacto con la tecnología.