De copas

¿Vamos de elecciones o de copas? Yo ya estoy tranquilo porque Sánchez ha dicho que no votará contra Rajoy en la investidura, que se abstendría. Aleluya. Eso nos ahorraría otra elección y permitiría al PP gobernar en minoría, lo cual para la economía será lo más favorable.

Los demás que digan cosas, produzcan miedo, vayan y vuelvan a Venezuela, desayunen con Castro, le besen la mano al Papa y se vayan a Lourdes, a ver si en las siguientes aciertan.

Mientras, los votantes nos iremos de copas. Desde la cazalla matutina en la “barretja” de los arrieros a la copa de fino de los señoritos de Cádiz, que ya no están para Cortes, al Dry Martini de los ejecutivos del Barrio de Salamanca o el Eixample, el Rioja de la comilona o el Gin Tonic para digerirla. De noche ya no sé qué beben porque no estoy.

De noche leo con mi habano, a ser posible Lancero de Trinidad y una copa de Ron Zacapa. Leo sobre la Revolución Francesa (Simon Schama), sobre Talleyrand (todo lo que encuentro), las cartas de Cogan Pearson Smith o la vida de Bernard Berenson. Lo que sea con tal de evadirme de esta realidad repetitiva, repetida, donde ya sabemos los que va a decir cada cual, con intentos de articular alternativas que, a lo sumo, recogen parte de mis propuestas en “Del paro del Ocio” hacia treinta años.

Yo hice mis deberes y ahí queda eso. Ahora vámonos de copas y luego a votar lo mismo todos otra vez, porque en este país se creen que cambiar de voto es innoble ¿Cómo va a funcionar la democracia si no sabemos cambiar de voto?