Casas, Verdaguer, Dalí

El Círculo del Liceo es el santa sanctorum de la burguesía barcelonesa: solo se entra por selección y si no hay bolas negras. Por unos meses se abrirá al público -con reservas concertadas- para contemplar las obras de Ramón Casas, especialmente sus retrato de su modelo, musa y amante Julia Peraire, una vendedora ambulante que le hechizó cuando él contaba 39 años y ella 17.

Los retratos explican perfectamente porque ¡Vaya mirada sensual, ojazos y facciones perfectas! Casas debió ser muy feliz con ella, pese a la oposición de la pacata sociedad barcelonesa que no aceptó sus amores y los mantuvo en el ostracismo social. ¡Pero ahora se exhibe en el mismísimo Círculo del Liceo! Algo hemos progresado, sino en arte, si en costumbres.

Aquellos años siete y ocho del siglo XX fueron convulsos, febriles y prósperos (“siglo XX cambalache, carismático y febril” dice el Tango), el arte florecía en Barcelona la “Rosa de Fuego” de la semana trágica, los tiroteos y los exorcismos del ilustre poeta Mosen Cinto Verdaguer, que se encerraba con una señora Aurora y su hija en el palacio de Comillas -donde era capellán- y les lanzaba latinajos con la cruz en ristre mientras ellas se convulsionaban. Dejémoslo aquí que esto no es “Historia d`O”, pero no cabe duda que los años anteriores a la Guerra Civil en Barcelona fueron de lo más productivo y divertido.

De ahí sale Dalí como en meteorito que cae en la mojigata Residencia de Estudiantes e ilumina la noche con sus juergas, sus chanzas y su genio en erupción.