Ada y el ardor (guerrero)

Aunque Ruskin acabó loco, desbarrado en sus clases de estética como Slade Profesor de Oxford, escribió cosas de enorme sentido común. Por ejemplo: el prestigio social que rodea a los militares se debe a que son el único grupo que está dispuesto a dar la vida por defender a sus compatriotas. Algo también cierto de los policías.

Habría que regalarle a Madame Colau el ensayo “Fors Clavigera” de Ruskin para que aprenda a respetar a los militares. Lanzarles un moco en un evento público donde ellos concurren para anunciar la posibilidad de enrolarse en el ejército, aunque sea el español, es de mala educación y profundamente injusto, porque, ¿Qué se cree que representa su bastón de mando, que le he visto empuñar con excesiva fruición? Representa la fuerza con que cuenta la autoridad para imponer sus directrices y esa fuerza es la policía para imponerla de puertas a dentro, y el ejército para defenderla de puertas para fuera, contra la fuerza del extranjero.

También debería Madame Colau leer a Joseph de Maishe en su legendaria página sobre el verdugo, ese hombre sombrío, solitario y rechazado, pero sobre el cual se asientan los cimientos de la sociedad.

Si no hubiese fuerza de orden, no habrían alcaldesas o las alcaldesas serían ninfas apolíticas sin bastón. Sería mejor, y que no hubiese guerra, que se inventó, con la ciudad, en el 4.000 antes de Cristo. Pero mientras la haya demos las gracias a los militares por su cometido.