Merkel y Nostradamus

La atípica debilidad de Angela Merkel con unas niñas sirias refugiadas, que a mí me pareció conmovedora, ha sido interpretada por los despiadados como “efecto llamada”, que causa más refugiados.

No es Merkel quien provoca el efecto llamada, es la enorme disparidad de formas de vida entre las dos riberas del Mediterráneo, mas la criminal situación política de Siria, con los rusos de por medio, que nunca suelen hacer con ellos nada bueno, menos Tolstoi y Dostoievski, claro.

Por fin he logrado entender lo que profetizó el maestro Nostradamus en el siglo XVI, que leí en los años setenta y que no me cuadraba nada. Dijo el genio de Saint Rémy de Provence que los musulmanes invadirían Europa por mar, y yo no veía como una Armada argelina o libia podría sortear a la Marina francesa o italiana para desembarcar cual Eisenhower en Sicilia, Nápoles o Marsella.

Está claro ¿no?, no existe tal Armada sino una sucesión de balsas y barcazas que no llegan en son de guerra, sino como resignados emigrantes que desean cruzar el puente de la pobreza que separa las dos orillas del Mare Nostrum, que también es de ellos.

La desigualdad denunciada por Piketty no se da sólo dentro de los países avanzados, sino entre éstos y los subdesarrollados. Como explicó Toynbee en su magistral “Estudio de la Historia”, hay un proletariado interno -los asalariados- y un proletariado externo -los bárbaros o extranjeros-. Ambos se mueven por la desigualdad de riqueza, los de afuera han de andar más, incluso navegar.