Eco y narcisismo

Umberto Eco hizo honor a su apellido: marchó a estudiar a Estados Unidos y volvió de la universidad americana con una porción de ideas que repitió para lectores italianos y europeos.

La semiótica, abrazada con indiscriminado entusiasmo por nuestros críticos de arte y escuelas de arquitectura en los sesenta, llegó de su mano y “epató” a la burguesía intelectual con su habitual traducción y adaptación de algunos autores anglosajones básicos desconocidos aquí: la “Teoría Matemática de la Comunicación” de Shannon y Weaver, el “Meaning of Meaning” (Significado del significado) de Ogden y I.A. Richard de 1938 y los “Siete Tipos de Ambigüedad” de William Empson de 1949.

En los años 60 solo oí a Jaime Gil Biedman hablar de los Tipos de Ambigüedad de Empson, los demás, que no debían leer inglés se tomaron a Eco como creador de la semiótica.

Algo parecido sucedió con el “estructuralismo”, formula francesa de un movimiento intelectual iniciado en el Círculo de Viena y concretado por Von Bertalanffy, Ashby y Norbert Wiener en la Teoría General de Sistemas que investiga el lenguaje unificado de las ciencias y los isomorfismos estructurales entre fenómenos diversos. Francia, vacía de creatividad desde 1930, realizó una de sus habituales operaciones de propaganda con la obra antropológica de Levis-Strauss, desorbitándola a categorías de movimiento filosófico llamado “estructuralismo”.

Es lo que tiene no hablar idiomas y no viajar, estudiar o enseñar en universidades extranjeras. Uno lee lo que puede y lo que le llega, y no solo si es de segunda mano. Umberto Eco lo hizo muy bien, pero es de segunda mano: un eco de los anglosajones. Y los narcisos de aquí, mirándose el ombligo.