Petit gignol

En Francia hay un género novelístico y teatral que denominan “grand guignol” y que es donde el autor se desabrocha y a calzón quitado, amontona los más improbables y grotescos acontecimientos, que el lector acepta por eso, porque es grand guignol, no es Racine.

En política en Francia raramente se da el “grand guignol”, como no sea en las amantes de los presidentes, pero si se da, dura poco. Saben cómo pararlo.

Pero aquí no somos Francia: aquí estamos en la tierra de María Santísima, de charanga y pandereta y viene una alcaldesa que parece una castañera, como dice mi amigo L.A.V., con su habitual lucidez, un pequeño guiñol donde los niños - supongo muy divertidos ante el desconcierto de sus padres- ven matar guardias civiles, violan monjas, decapitan reyes y al final frases en vasco que no se entienden.

El pequeño guignol se las trae, a su nivel es el correlato que se corresponde con el gran guiñol que es la política de pactos. Que Podemos pacte con Ciudadanos se nos antoja tan nefando y destemplado como violar una monja, que Podemos abrace al PSOE es matar a un ruiseñor o que a un guardia civil. Y los vascos para el final.

Cada vez tengo más claro que la culminación de este Gran Giñol político español van hacer nuevas elecciones que, si sale lo mismo, acabarán en gran coalición también giñolesca.

Iglesias manda un mensaje de seriedad e inteligencia poniéndose el smoking para los actores, guionistas y directores, un smoking que niega a todos los demás por altos que sean. Un gesto que le honra porque lo dedica a la cultura, que es el séptimo arte.