Brexit

Lo de Madrid me empieza a sonar a sainete. Algo como “La Venganza de Don Mendo” y a Rajoy se le pone cara de Fernán Gómez además de parecérsele con la voz. Ahí, en esas negociaciones, puede morir hasta el apuntador que es Felipe González. Si tuviéramos segunda vuelta como en Francia, ahorraríamos esfuerzos y ridículos. La reforma de la Constitución, además de arreglar la cuestión catalana, debería contemplar la forma de las elecciones: ley D´Hont fuera, segunda vuelta, que ya somos mayorcitos.

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Está claro que los ingleses no se sienten europeos porque ellos no viven en Europa, viven del mundo: de gestionar las finanzas de árabes y chinos, de Singapur y de Hong Kong, de los ferrocarriles sudafricanos, de vigilar la Antártida, de poner lenguaje a los ordenadores y de explicar a sus colegas yanquis lo que estos no entienden del mundo, que es casi todo.

No al euro, no a Schengen, no al ejército y no a la unión política ¿queda algo que les guste del proyecto europeo? Llevo tiempo pensando que los europeos deberíamos echar a los ingleses de la unión que ellos no desean y menosprecian. Así les ahorraríamos el referéndum y el desaire de marcharse.

Ellos son la quinta potencia mundial, dice Cameron y el portaviones de la primera, añadiría yo. Somos tan diferentes con Shakespeare y Racine: las brujas y Macbeth de Berenice y Andrómaca. ¿Para qué complicarnos la vida?