Tener con qué pagar. Eso es lo esencial

Añadiría algo que, habiéndolo leído y guardado en mis desordenados archivos, podría completar a lo enunciado en el título de este artículo. A saber: “que la raíz de toda su virtud consiste en una buena colocación del dinero asegurada al cinco por ciento”. Supongo que esta regla esencial sobre el origen de la virtud la conozca muy bien la regidora de Madrid y la pérdida de tiempo con sus banales “ocurrencias” sobre bicicletas, el convocar un concurso entre los chavalillos para limpiar de colillas las asfaltadas calles de la ciudad y premiar, después, a quien tenga en su haber más desperdicios de cigarrillos coleccionados, ensalivados, requetechupados, quizás contaminados con alguna bacteria que podría poner en peligro la salud del infante, es decir lo más antihigiénico que cerebro occidental del siglo XXI haya podido concebir o la pasada de proponer, a estas alturas el juego del “bridge”…hacen pensar que, al menos, ese “cinco por ciento” lo tiene asegurado de por vida. Y habría que llegar a la conclusión que la Señora Manuela tiene mucho tiempo que perder y que en medio de la somnolencia, después del cafelito, no razona como es debido produciendo en su mente los monstruos profetizados por Goya.

En todo caso lo del “bridge” merece, entre estas líneas, un breve y exclusivo apartado. Me da por pensar que, a este respecto, huelgan las declaraciones de cargos políticos, el de la alcaldesa madrileña lo es, para esponsorizar este juego, supongo que con la intención de extenderlo entre el gentío dominguero que pueblan las terrazas capitolinas. No afirmo con ello que sus aficionados deben de ser aristocráticos, pero el juego si lo es. El “bridge” es un club exclusivo; por razones personales, que ahora no vienen a cuento y, aún sin ser jugador ni saber colocar la cartas de la baraja, conozco muy bien cómo funciona internacionalmente la cosa, con su estricta reglamentación. Nace plebeyo y es hijo natural del “Triumphus Hispanicus”, el españolísimo “arrastao”. Lo nobilizan los ingleses, el “Hamlet” de Shakespeare, habla de algo parecido a este “arrastrao” de naipes y lo aristocrizan los franceses entrando en la corte de Luis XIV, “El Rey Sol”. Si hoy viviera el “Doctor Zivago” ¡inolvidable Omar Sharif! gran jugador de “bridge”, tendría mucho que decir; su opinión en este tema hubiera sido doctísima y no creo que incomodara a la regidora Carmena empeñada en su brillante “ocurrencia” de instalarlo ¿por decreto popular?, – la irradicable y malsana costumbre de nuestra rojez oficial – , (veánse las recientes declaracionas de Pablo Iglesias), en las terrazas de los madriles.

Naipes a un lado, a ella, la alcaldesa capitolina, a la periodista Maruja Torres que, recientemente, ha escrito un libro sobre la jueza y primera edil madrileña, Manuela Carmena, y a mis posibles lectores dedico las líneas que siguen. ¡Ojalá! pudieran aclarar, por ser testigo directo de ellas, unas cuantas cosas del pasado ¡Ay! prerrogativas de la edad y veteranía más que probada con muchos años de oficio y las muy pocas cosas que restan como para sorprenderme por algo; comencé mi profesión de reportero, que es a lo que me he dedicado toda mi vida, allá en 1956 con una entrevista a Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, en el café “Deux Magots”, en la “Rive Gauche” de un París que aún se calentaba con los rescoldos de aquel que fuera el ambiente ardiente de los primeros años del movimiento existencialista, filosofía, moda, comportamiento social, antropología, feminismo, pesimismo ante un futuro de incertidumbres, dudas de frente a un porvenir que se presagiaba oscuro, sombrío, desesperanzador…por haber nacido apenas concluidos los trágicos horrores de la “Segunda Guerra Mundial, pero con su recuerdo todavía ¡ay! cercanísimo.

A la Sra. Carmena no la he visto nunca de cerca…ni de lejos. Sólo la conozco por sus ocurrencias que forman parte del cachondeo diario, a veces con escarnio y maledicencia, de la narrativa informativa nacional. No sé si lo está haciendo bien o mal. Sé que es muy izquierdosa y que ha pertenecido ¿aún pertenece? al Partido Comunista español. Todos, hasta yo mismo, que me declaro liberal, hemos tenido que ver algo con la progresía. “Quien a los veinte años no es revolucionario no tiene corazón y quien a los cuarenta no es conservador no tiene cabeza”. “Los cuarenta años, – decía Pablo Picasso – , es la edad en que uno se siente finalmente joven. Pero ya es demasiado tarde”.
En esta España doliente y despistada, horterizada y fascistoide de izquierda y mal educada, – véanse videos del alcalde de Cartagena – , todo es creíble y ese todo nos lo podemos encontrar a la vuelta de cualquier esquina. A lo mejor ¡a lo peor! están todavía pensando en el ¡no pasaran! de Dolores Ibarruri, aquella Pasionaria declamatoria bajo la “Puerta de Alcalá” envuelta en una gran sábana con el divertido eslogan “Viva Rusia, muera España” lo atestiguan reportajes cinematográficos rodados durante la gloriosa época de la “Segunda República española”, creo que ya metidos en el sangriento zafarrancho de la “Guerra Civil”.
“¡Hay gente pa tó!”. Esta categórica frase se pronunció durante el curso de una fiesta celebrada en un hotel de Madrid, cuando a Rafael “El Gallo”, hermano del gran Joselito, le presentaron a José Ortega y Gasset. El genio sevillano preguntó que “quien era aquel gachó con pinta de estudiao”. “Es filósofo”, le respondió alguien. “¿Filo qué, ezo qué e? preguntó el matador. Se le explicó que un filósofo era un señor que analizaba el pensamiento de la gente, que escribía sobre la doctrina orientada a conocer mejor el modo de obrar de las personas. “El Gallo”, estupefacto, guardó sólo unos segundos de silencio. Los suficientes para, con su gracejo particular, espetar: “Hay gente pa tó” ¡Hasta para la ocurrente Carmena y las groserías lingüísticas de Maruja Torres! Para la charleta, convertida en libro, del “tet à tet” de Manuela con Maruja y una desinhibida alcaldesa comentando que el suyo es un “matrimonio abierto”, de penetraciones y masturbaciones… ¡Pero, Sra. Alcaldesa un poco de compostura…a sus años! Mi madre hubiera dicho que “deben tener la lengua muy sucia”. Los odontólogos aconsejan frotarse bien la lengua con el cepillo de dientes. Pues esta pareja deberían fregársela bien. La mierda acumulada y atrasada, aparte de su hedor insoportable, se endurece y es muy difícil deshacerse de ella, de limpiarla.
Yo aquí, con todas esas cosas, no quisiera hacer propaganda del libro, porque no lo he leído, y que lo aquí escribo es lo que dicen los papeles. Y, a lo peor, me ha salido el tiro por la culata. De todas formas es que “hay gente pa tó”.
No recuerdo, en este momento, haber tenido oportunidad de conocer a Maruja Torres. Sé, me dicen, me lo certifican, que es una excelente periodista, que se declara autodidacta, todos los periodistas, hasta los más “estudiaos”, son un poco o mucho autodidactas, ello quiere decir que tienen inventiva y el don ¡ojo reflexivo! de una falsificada espontaneidad: no decir lo que se piensa sin antes no pensar en lo que se va a decir. Maruja Torres tiene una carrera orlada de premios y, sinceramente, la felicito por ello. Sólo que la he leído muy poco, que ya es mucho decir, y ello debido a que estoy domiciliado en otras latitudes.
Pero mi residencia, a todos los efectos, es el Madrid de mis entrañas donde he estudiado y trabajado por tantos años. Mi patria, mi tierra (como escribiría Américo Castro), es España, y me siento orgulloso de mi irrenunciable españolidad. Y, apenas puedo, allí escapo. Tendría que votar el 20 de diciembre y no lo haré, aunque me caiga muy bien el ciudadano Albert Rivera. Es más, estando en mis cabales y formando parte de mis derechos, recomendaría la total abstención del voto. Hace años que no lo hago, pero me ha dado por pensar que sólo una gran abstención convencería al señor Rajoy, a los longevos abuelos del Parlamento y la totalidad de los cargos oficiales a comprender, de una vez para siempre, la indignación del gentío por una clase que “se dedica a la política”. Para que se enteraran, de por la vida que les resta, que la política no es un “oficio”, sino un “servicio”, con un límite de tiempo ¿dos legislaturas? y, después, cumplidas ellas, dedicarse a su profesión de donde proceden, abogados, médicos, notarios, registradores de la propiedad…o en ausencia de esto, como vagos profesionales, apuntarse a cursos de jardinería o enfrascarse en “sus labores”.
Eso sí, una cosa me ha despistado por un rato, aunque pasado ese momento me ha dado por pensar que razonar con gente, sin duda lista y leída, pero tercamente irracional como para entablar conversación alguna con quien no comulga con su ideario social-político, es metafísicamente imposible. Una inútil pérdida de tiempo.
Porque, vamos a ver, tanto la una como la otra, Manuela como Maruja, se declaran comunistas y votantes de Podemos y para ellas, para ambas “las derechonas rabiosas…son la representación del mal”, ni que estuviéramos en plena “luchas de clases”, tal que parece que nos están leyendo el “Manifiesto comunista”. La Grecia de Pericles y la Roma de los Césares fueron obra de una clase social acomodada, la clase media. El Renacimiento italiano, lo crearon una serie de gloriosos nombres de clases acomodadas. La familia Medici, primero boticarios y más tarde banqueros. El mismo Leonardo de Vinci era hijo de un notario. La Revolución francesa fue obra de una burguesía de clase media que revelaron a los abusos de una monarquía. Voltaire, Diderot, Montesquieu, Rousseau, fueron acomodados burgueses. Al igual que “los padres peregrinos” fundadores de Los Estados Unidos. La burguesía rusa se sublevó a los excesos zaristas. Lenin, Troswski, eran burgueses…
“Es necesario fomentar el sustento y el crecimiento de la “clase media”, columna vertebral pera el desarrollo de cualquier país cuyos gobernantes piensen en el bienestar del gentío. E incentivando su desarrollo serán inventivas y amantes del progreso. De otro modo no podrían pagar a los trabajadores lo que estos reclaman, ni realizar beneficios para ellas mismas. Y, al mismo tiempo, una fuerte e inteligente clase media es beneficiosa para los trabajadores, porque obtienen así buenos guías y buena organización. Lo cual quiere decir mejores salarios, premisa imprescindible para la paz social y quizás para la felicidad” ¡Tener con qué pagar!
Pues bien, la rojez no tendría razón de existir si faltara la derecha, la clase conservadora, la clase media. Son los términos comparativos. Al igual que no existiría el día si faltara la noche, excepción hecha de esas noches solares finlandesas, seis meses al año, ni nuestras antípodas geográficas situadas en “Nueva Zelanda”, porque entonces la Tierra sería plana, como esos encefalogramas planos reflejo de cerebros muertos. Y, ni pensar quiero, que cierta izquierda esté al borde de reflejar en la pantalla de un monitor hospitalario, un encefalograma plano. Estoy convencido, como lo estaría el creyente con un dogma religioso, que tanto el personal de la izquierda, de la derecha o de centro lo que más desea es pasear tranquilamente por las calles de Madrid o Roma o de cualquier otra ciudad, grande o pequeña que sea, sin que nadie le disturbe, sin temor a un atraco, día y noche, sin que tus hijas o nietas puedan exponerse a una violación o a las torpezas criminales de un depravado asesino…y si alguien tiene que mandar que lo haga, sin pisotear los sacrosantos derechos de tus libertades sociales y privadas y, por supuesto, “tener con qué pagar”. Quizás por eso me ha gustado tanto aquello del “Despotismo ilustrado”, el Federico II de Prusia, aconsejado por Voltaire ¡Soñar no cuesta nada!
Nací con la República, la que nunca fue votada, sino “proclamada”, aquella idílica estación del “frente popular”, ese “Parnaso” que los españolitos estaban esperando desde hacía muchos años, yo diría que de siglos. El bienvenido “frente popular” de los tiros en la nuca, de quema de conventos, de violación de monjas, vivas que estuvieran o momias desenterradas. “Levantad los hábitos de estas hermanas para hacerlas madres”, – gritaba un Alejandro Lerroux desgañitado corriendo por Las Ramblas barcelonesas ¡Un tiempo excitante, fabuloso, bellísimo, maravilloso!”.
Pero mi infancia, adolescencia, juventud y madurez los pasé bajo el “abominable régimen del General Francisco Franco”. Sólo que yo me lo pasé muy bien, como gran parte de mi generación.
Viví, intensamente, la mayor parte de mi infancia y todo el resto que va desde 1936 hasta 1975, bajo la “abominable dictadura” del General Francisco Franco. Y me fue tan bien. Y recuerdo esos períodos de paz y tranquilidad y poder pasear, hasta las tantas, en noches vallisoletanas, “Pucela” mi patria chica, y madrileñas en la Gran Vía, sin temor a que nadie te asaltara o, por la fuerza, te arrebatara los cinco duros que llevabas en el bolsillo. Conocí, personalmente, a Franco y siempre me pareció un tipo afable. Yo no me arrepiento de casi nada con lo que profesionalmente me ha tocado bregar, pero si me he arrepentido de otras muchas cosas. Y pensando que, es un dicho napolitano difícil de traducir pero intentaré hacerlo comprensible en castellano, “è meglio pentirsi che non avere rimpianti” (“es preferible arrepentirse por cosas que hemos hecho que el hacerlo por otras que habiéndolas podido hacer no las hicimos”). Quien conozca mi biografía, me tomaría por un “asqueroso colaboracionista” y como cualquier acercamiento a la política lo hice con plena conciencia, no pasaría nunca por chaquetero. Se de muchos que inclinando su vertebral columna sacaron brillo a las botas del Generalísimo, y estaban tan orgullosos de hacerlo y que hoy se declararían “antifranquistas de toda la vida”
Pues bien, incluso llegué a ocupar un importante cargo sindical en el S.E.U, “Sindicato Español Universitario”, cuando mi amigo Adolfo Suárez y vecino de casa, el del Aeropuerto de Barajas, vestía la camisa azul y la chaquetilla blanca de Procurador en Cortes por el “Tercio Familiar”. Pero, sobre todo, yo era un veinteañero con toda una vida por delante. Me decía Giulio Andreotti, con quien entablé una buena y cordial amistad que perduró hasta su muerte, que “había dos clases de fascistas: los fascistas de toda la vida y los antifascistas. El antifascismo es como el vino: hay que valorarlo por el año de su cosecha”. Y me pregunto ¿a qué clase de antifascismo (el fascismo de izquierdas es más peligroso y falaz que el de derechas) pertenece la Sra. Carmena, Doña Manuela y la Sra. Torres, Doña Maruja?
Para quien aún no esté enterado o le hayan contado la historia al revés, me gustaría exponer un breve elenco de cosas, con las que conviví por cuantos años. Las enumero por orden cronológico:
En plena Guerra Civil, 9 de marzo de 1938, Franco dicta la Ley del Fuero del Trabajo. Esta Ley fundamental se articula en las siguientes leyes.
1 septiembre 1939, Ley del subsidio familiar.
23 septiembre 1939, Ley del subsidio de vejez.
13 julio de 1940.Ley del descanso dominical y días festivos.
25 noviembre 1942. Ley de patrimonios familiares.
14 diciembre 1942. Ley del seguro obligatorio de enfermedad (La primera en Europa, después de Inglaterra, de la cual es casi una copia). Para la cobertura a esta Ley se construyó toda una red hospitalaria dependiente de la Seguridad Social. Esto es: 292 Residencias hospitalarias, 500 Ambulatorios, 425 consultorios, 96 Residencia concertadas.
26 enero 1944. Ley de contrato de trabajo con vacaciones retribuidas, disfrute de la maternidad para las mujeres trabajadoras y garantías sindicales.
19 noviembre 1944. Paga extraordinaria de Navidad (en vigor actualmente, pero silenciando el nombre de quien la creó).
18 de julio 1947. Paga extraordinaria del 18 de julio (también en vigor actualmente pero se ha trasladado de fecha para hacerla coincidir con la onomástica del Rey, para no recordar a su creador ¡cobardes de mierda! ni herir susceptibilidades.
14 de junio 1950. Reforma del I.N.P., para garantizar una mejor cobertura en la acción protectora.
22 junio 1956. Legislación de accidentes de trabajo.
24 abril 1958. Legislación de Convenios Colectivos.
23 abril 1959. Legislación de mutualidades agrarias. En estas leyes se encuadraron más de dos millones de trabajadores del campo, tanto por cuenta ajena, como propia.
2 abril 1961. Ley del seguro de desempleo.
14 de junio 1962. Legislación de ayudas a la ancianidad.
28 diciembre 1963. Ley de bases de la Seguridad Social.
31 mayo 1966. Ley de Régimen Especial Agrario.
2 octubre 1969. Ordenanza General del Campo, donde se establece la jornada laboral de ocho horas.
20 agosto 1970 Mutualidad de Autónomos agrícolas.
23 diciembre 1970. Ley de Empleo comunitario.
También, en aquellos tiempos de la “criminal dictadura del General Franco”, se creó la Universidad Laboral de Gijón, obra del ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco, ejemplar institución modelo en toda Europa. Girón fue uno de los más diligentes de entre los que crearon y desarrollaron la “Costa del Sol”, atrayendo hacia la provincia de Málaga, Torremolinos, Marbella, Puerto Banús…el turismo internacional y las Galerías Comerciales más prestigiosas de Europa.
Naturalmente, durante la execrable dictadura franquista se creó la repoblación forestal ¿Han contado, alguna vez, los pantanos que se hicieron contra “la pertinaz sequía”? El dictador, como todo el mundo sabe, nos salvó de entrar en La Segunda Guerra Mundial. “Prefiero que me arranquen los dientes sin anestesia antes que volver a tratar con Franco”, dijo un airado Adolf Hitler al término de la Conferencia de Hendaya.
Sra. Carmena, Doña Manuela, Sra. Torres, Doña Maruja ¿ustedes donde estaban? ¿Dónde veraneaban? Yo, por ejemplo y por razones familiares lo hacía entre San Sebastián, Oyarzun (Guipúzcoa) y Hendaya. ¿Y ustedes? ¿Disfrutando, quizás, de las espléndidas playas de la “Unión Soviética”…supongo que invitadas por los herederos del “padrecito” Iosif Satalin que fue quien inauguró esas envidiables peregrinaciones estivas gratuitas y salvíficas, donde poder respirar el aire puro y disfrutar de las aguas incontaminadas y cristalinas de la patria del proletariado?
Es verdad dense prisa. No puede pasar ni un día más. Promulguen un “decretazo” urgente para cancelar del callejero de Madrid y del resto de España cualquier alusión a la “abominable dictadura del General Francisco Franco, el Generalísimo. Los legionarios cuya cabra mascota se llama Pablo, tienen un lema: “Si es posible está hecho, si es imposible se hará”.
Ya comprendo que estas líneas son desalentadoras, “serían como cantar a sordomudos o declamar una poesía a una sala vacía”. Sólo que el hablar de política con esta gente, Carmenas, Marujas, Colaus, alcaldes de Cartagena…tiene algo de atrayentemente morboso. “La política es como mala reputación de una mujer que nos atrae como los signos del celo de una perra. La mala fama lo anuncia como accesible. La ausencia del celo es, en el animal, el equivalente de los hábitos y principios de la mujer casta…”
“Tener con qué pagar. Eso es lo esencial”. No creo que ni las Carmenas, ni las Marujas nacionales…ni acólitas y acólitos de derechas, izquierdas y centro tengan dificultad en ello.
Para concluir este artículo de Opinión para www.replublica.com, he encontrado una “perla”. La transcribo tal y cual de publicó en su día.
“Todos los trabajadores, ante la angustiosa situación presente, han de preguntarse a que se debe el que, a pesar de los constantes cambios de Gobierno, a pesar de haber gobernado las izquierdas, a pesar de los Gobierno de centro y de derecha, el paro aumenta sin cesar, la carestía de vida se haga cada vez más agobiadora y la pugna entre las clases sea cada vez más áspera. Fácil es comprobar la existencia de estos problemas y aún su agravación. Con gobiernos en que figuraban ministros socialistas, todas las calamidades que abruman a la clase obrera no sólo no tuvieron solución, sino que se agudizaron.
Con Gobiernos de derecha, toda la política se orienta en contra de los productores, empeoran las condiciones de trabajo, se reducen los jornales, aumentan las jornadas, se los persigue etc…¿Qué significa esta coincidencia en el fondo de los partidos políticos, sean de derechas o de izquierdas?
Significa que el régimen de partidos es incapaz de organizar un sistema económico que ponga a cubierto a la masa popular de estas angustias, que tanto unos partidos como otros están al servicio del sistema capitalista. Mientras la terrible crisis económica actual ha arruinado o está en camino de arruinar a los modestos productores, y la masa obrera sufre como nunca, la pesadilla del paro, la cifra de los beneficios obtenidos por los beneficiarios del orden actual de cosas, los dueños de la Banca es elevadísimo. Así que la tarea urgente que tienen los productores es ésta: la destruir el sistema liberal, acabando con las pesadillas políticas y los tiburones de la Banca”.
¿Se atrevería hoy a firmarlo Pablo Iglesias, Carmena, Doña Manuel o Torres, Doña Maruja? ¡Ni por asomo! ¡Demasiado arriesgado! Se publicó en “Arriba”, en los n° 20 y 21 de noviembre de 1935 ¡Hace ochenta años! y lo firmaba un tal José Antonio Primo de Rivera, fundador de “Falange Española”.
Ahora vuelvo a mis reflexiones. Estoy dando un repaso a Marco Aurelio, el emperador filósofo. A él se refiere Marguertte Yourcenar en “Las memorias de Adriano” cuando el emperador Adriano se refiere a su protegido: “Querido Marco…”
En “Los coloquios consigo mismo”, Marco Aurelio escribió: “Como Antonino (su predecesor), mi ciudad y mi patria es Roma, como hombre el cosmos”.
Yo me conformaría con decir que mi patria es España y como hombre un pedacito muy pequeño, muy pequeño, del universal cosmos.
Agustín de Foxá apostillaba: “Hagamos de España un país fascista (en este caso un fascismo izquierdoso plagado de marujas y de carmenas añado yo) y vayámonos a vivir al extranjero”
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