¿De dónde sale el CUP?

Para mi es tan misterioso cómo saber de dónde vienen las Navidades o el extraño personaje de Santa Claus. Estos misteriosos puristas intransigentes se han cargado ellos solitos el “Proces” de independencia, afirmando que son independentistas. Aquí hay gato encerrado.

Mucho menos turbio son los candidatos que se presentan a las elecciones españolas. Los socialistas han vuelto a optar por un locutor, esta vez de televisión. Zapatero lo era de radio y Felipe González de feria, como corresponde en Sevilla. Ciudadanos tiene un niño bueno y Podemos al niño malo, pero los dos bastante inteligentes: un poco más Iglesias que Rivera.

El PP que, al paso que va, acabará llamándose R que R, no despierta el glamour juvenil de sus adversarios pero apela a la seguridad de los viejos, lo cual no es poco y probablemente acabará gobernando con una ayudita de Ciudadans. Los pactos del Majestic se desempolvarán pero en clave de Francesc de Carreras en vez de Pujol y Lleida.

Me sabe mal que el gallego no haya estado generoso con Francia, una vez que podíamos haber quedado muy bien con nuestro incomprendido vecino, pero ya se sabe que no se sabe si baja o sube.

Ajena a todo esto, la ciudadanía de Cataluña se apunta a pasarlo pipa en el puente, con las estaciones de nieve llenas, Andorra a rebosar y los pijos en Londres y París. La vida sigue ajena a los perfidias de la CUP, los disgustos de Mas y las fulminaciones del TC, que Barcelona es bona si la bosa sona y sona bastante con el turismo.