El hacedor de lluvia

Esta historia debió suceder en la época Sung, siglo XII y XIII de China, después de la fabulosa época Tang, que dejó las mejores poesías. Un distrito estaba instalado en la sequía -como decía Franco- y su mandarín mandó llamar un conocido shaman o mago, famoso por su capacidad de suscitar la lluvia.

Vino el mago y se metió en una cabaña a las afueras de la ciudad. Allí nadie supo lo que hacía, pero al cabo de un mes, comenzó a llover a raudales. Cuando el mandarín le recibió para recompensarle quiso conocer sus métodos.

– Este país estaba fuera de armonía con el Tao. Nadie sostenía una vida ni una relación sosegada con el camino de en medio. Yo, simplemente, he vivido sosegado y en armonía con el Tao; cuando esto se produce, la naturaleza sigue su curso normal, y llueve.

Me imagino a Rajoy como ese mago de la época Sung, recluido en su cabaña de la Moncloa, en armonía consigo mismo y con el Tao, esperando que el mundo exterior se rectifique por el poder de la no acción, wu wei, en chino.

Desde la primera vez que fui a Galicia -para peatonalizar la calle del Príncipe de Vigo- me di cuenta de que Galicia es la parte china de España: un país de nieblas, bosques, aldeanos que desaparecen esquivos, pescadores silenciosos en busca de la lamprea, romerías tétricas y santas compañas. De esa China ibérica proviene Rajoy y sabe que la armonía con la naturaleza, el sosiego y la no acción, acaban por provocar la lluvia, incluso la de votos.