No es una guerra

El autor del “Retorno de los Brujos” Jacques Bergier -con Louis Pauwels- escribió en los años 60 que la Tercera Guerra Mundial serían los atentados terroristas. Ya lo sabíamos. Pero es una licencia del lenguaje llamar guerra a lo que no lo es, es tomar la parte por el todo.

Del mismo modo que Ortega y Gasset tenía más razón que un santo cuando decía: “¿Cómo se puede llamar Reconquista a un proceso que duró ocho siglos?”, nos podemos preguntar: ¿Quién puede llamar guerra a ocho fanáticos atacando una discoteca más tres petardos en el campo de fútbol?

El todo no es igual a la suma de las partes. Muchos atentados no constituyen una guerra. Entonces, ¿a qué viene el deseo del Primer Hollande por proclamar una guerra que sólo está en su cabeza, o en sus deseos? ¿Para qué le dejen gastar más dinero en armas? Si es así, resulta que los franceses están copiando el denostado imperialismo yanqui, recreando el military-industrial complex que inventó el general Marshall y que denunció Galbraith en su mejor libro The New Industrial State.

Los poetas parisinos del XIX con Boudelaire a la cabeza fundaron el “club des Hashischins”, en el cual se dedicaban a fumar hashish en el Hotel Pimodan. Lo llamaron así en recuerdo de Hasan Sabbah, el viejo de la Montaña que se retiró al castillo de Alamut en 1230 y allí adiestró a un grupo de asesinos drogados con hashish (de ahí ashishims). Sus ejércitos Hasan Sabbah tuvo en raya al califato de Bagdad y a los cruzados. No fue una guerra, fueron atentados terroristas. Todavía siguen en ello.