La invasión de Europa

¿A quién ha cogido desprevenido la riada de refugiados sirios o de otras nacionalidades que se pueden sumar a ella? ¿Ya no nos acordamos de las invasiones bárbaras o de las emigraciones masivas de italianos e irlandeses a Nueva York?

Este movimiento de masa son la sangre de la historia, el pulso y pálpito de los tiempos. La Unión Europea es un “país” recién creado y se enfrenta a su primer gran problema, de cómo lo resuelva dependerá su existencia. El comisario europeo de inmigración, Dimitris Avramopoulos, observa con temor la actitud de algunos países miembros: “Es un momento difícil para Europa: el sueño europeo se ha desvanecido”, lo cual es debido a “un intento de renacionalización por parte de algunos estados ante la crisis de refugiados”.

Para que la UE siga adelante debe afrontar esta, su primera gran amenaza, gestionando las llegadas de manera común. No puede ser que un país se desentienda y legisle una política propia, sin contar con los demás países. Eso que tanto les gusta a los ingleses: ir a la suya, es precisamente lo último que se debe hacer si queremos que la UE siga.

Nadie puede suponer que esta oleada migratoria nos coge por sorpresa. La desigualdad de renta a un lado y al otro del Mediterráneo, genera una diferencia de potencial tan grande que se ha de producir una corriente, y esa corriente nos concierne a todos, incluso a los españoles que solo recibimos los de Ceuta y las pateras, hasta los finlandeses o suecos, que no les llegan directos. Es el primer reto serio de la UE desde su creación, bueno sería que supiese encajarlo con valentía y generosidad. Como decía Churchill: “En la victoria, magnanimidad”.