Tomad y comed

Todavía me acuerdo cuando nos vendieron en la prensa que el aceite de oliva era nocivo y convenía usar aceite de girasol ¡y de colza! Ahora nos vienen con la monserga de que la carne es cancerígena ¿Quién está detrás de todo este despropósito?

Claro que algunas salchichas, embutidos o hamburguesas que se ven por ahí tienen un algo tétrico e incluso macabro, pero los chuletones de Ávila ¿cómo van a ser cancerígenos?

Reconozcamos que hubo prácticas con la carne de ternera que fueron insanas y alarmantes. Para ganar más dinero se les ponían inyecciones a la ternera que le dañaba el hígado, pero se engordaban más. Algo como lo del foie y las ocas. No creo que aún se perpetúe esta barbaridad.

Me estoy acordando de un ensayo del poeta Shelley en defensa del régimen vegetariano -Leonardo también lo era- en que interpretaba el mito de Prometeo con el hígado devorado por el buitre como metáfora de los daños que causaba al cuerpo humano el consumo de carne.

Naturistas, vegetarianos, esperantistas, los progres de 1.900 coincidían en no comer carne y, algunos, en abolir las corridas de toros. No coincido con ellos. Los toros son un ritual mítico, como la misa y la carne bien tomada imprescindible para resistir el estrépito y el caos de la gran ciudad.

¡Menos salchichas y más solomillo!, pero no cada día. Creo que el fallo está en consumir carne roja en exceso, o sea, cinco días a la semana. La abstinencia de los viernes era sabia penitencia, ¡Aunque pagando te la saltabas! Cosa de curas, pero ahora los curas están en la OMS.