La invasión de Europa

Cuando leí las décadas de Nostradamus me pareció que nuestro paisano de Saint – Remy de Provenza erraba por mucho al predecir la invasión de Europa por los musulmanes. Me pareció algo imposible de suceder dado el nivel tecnológico de la marina francesa, italiana y española. ¿Con que barcos forzarían el estrecho los musulmanes?, me preguntaba yo.

Con pateras. Eso no nos lo dijo el profeta Nostradamus, pero lo vio entrando en su ojo de adivino. Como en una inmensa deferencia de potencial voltaico, el alto nivel económico europeo atrae a las partículas pateras de los moros y negros. Pongan ustedes los eufemismos políticamente correctos, yo ya soy muy mayor.

Para mí lo significativo de este suceso es que pone a toda Europa frente a sus teorías altruistas, su ética protestante y católica, su modernidad, su autoestima de cuna o baluarte de la civilización. Los italianos se están portando muy bien, pero ¿y los demás? ¿Que pasa en el túnel del Canal de la Mancha?, ¿Cómo vamos a repartir los refugiados?: no pueden ir todos a Lampedusa. Hay que mandar unos muchos a Noruega e Irlanda, incluso a Alemania e Inglaterra.

Es un proceso que atañe a toda Europa y sobre todo a nuestros valores morales. No volvamos a actuar como los ingleses que tenían dos códigos éticos incompatibles: uno para Inglaterra, otro para la India y demás colonias. En el trato que se da a los inmigrantes está en juego el prestigio moral de Europa, y no solo de puertas a fuera, sino para los propios ciudadanos de cada país.