Bombas en Bangkok

Desde que no voy a Latinoamérica me he aficionado a Oriente, pero ni India ni China, sino Indochina, la conchinchina o el viejo reino de Chian.

Tailandia es un país que conozco y reconozco hace una década y lo que más me atrae de él es su delicadeza: en las flores, la comida, la arquitectura, las danzas, el clima. También su refinamiento de civilización antigua y original.

Por eso no me cuadra en absoluto estos bombazos propios de otros entornos. No parecía que los partidarios de la expresidenta Sina Watra, fueran capaces de asesinar inocentes por medio de atentados terroristas. ¿Pero si no son ellos, cui prodest?.

Mi amigo el arquitecto Sumet al que conocí en Cambridge, me contaba que Siam envió una embajada a Luis XIV de Francia en el siglo XVII y que su país era el único de Asia que no fue ocupado por Ingleses, ni Holandeses ni Franceses, por que entregó losgrandes segmentos del reino de Siam a los voraces europeos, para preservar el resto.

Indochina es un invento Francés en esa gran península entre China e India, que en el siglo XII era el Imperio Kmer, de donde sale su original arquitectura y cuya fuente está en los enormes Templos de Angor o Angor Wat, donde Wat significa Templo, como el Wat Po el templo de Buda y Acente, donde nace la escuela de masaje tailandeses de tan dulce memoria.

Malruax anduvo robando estatuas por esas junglas y un aventurero español casi consolidó un reino entre ellas. Hoy día son países: Laos, Camboya, Vietnam y Tailandia, todos en plena expansión económica merced a las materias primas y al turismo, así como el buen hacer y cordialidad de sus habitantes.

En Vietnam parece imposible entender como hubo allí una guerra tan sangrienta. Y en Bangkok me resulta aún más incomprensible, como no sea un rescoldo de la revuelta que duro dos años y acabo como de costumbre en un golpe militar bajo el paraguas de la monarquía.