Movida de efigies

La política es más irracional que otra cosa, empezando por el nivel cultural de los votantes y siguiendo por el contenido mitológico que se imbuye a través de símbolos.

Como no creo que la alcaldesa de Barcelona se haya leído a Joseph Campbell ni a Mircea Eliade, ni Iceta a Fraser, su intuición irracional le ha sugerido que baje la cabeza del Rey de su pedestal para ella sentirse más cómoda. Luego vendrá lo del cambio de nombre de las calles cosa que, para los ancianos e incluso los viejos es una faena: vagan desorientados por una ciudad cuyos nombres no reconocen y, desde luego, no ponen ninguno en su sitio.

Van a por lo símbolos porque la política es mitología recitada en cifras de P.I.B. y porcentajes de variación, que es lo mejor que se le da a Rajoy. Los de Podemos querían trasladar la estatua de Agustina de Aragón pero el juez no les ha dejado porque está prohibido el tráfico de heroínas, así que ha debido contentarse con cambiar el nombre del polideportivo de Zaragoza.

Así también se pierde la memoria histórica porque los monumentos, aunque sean a un tipo que ya no nos guste, son parte de la historia de un país. Una estúpida socialista, inculta como la mayoría de esas ministras, destruyó el despacho de Pilar Primo de Rivera, que era un regalo del Hitler, reproducción del suyo a escala 2 – 1. Eso era una pieza de museo, pero no para los que no tienen perspectiva histórica.