El listo y el tonto

Leo que en los desayunos de TV el académico Francisco Rico ha declarado que el hallazgo de los huesos de Cervantes le parece una chorrada. No puedo estar más de acuerdo con él, además, la visión de ese amasijo de huesos revueltos me parece macabra y desagradable. Quien crea que eso va a promocionar el turismo en Madrid, es un optimista.

Paco Rico es un realista, algunos le tildan de cínico y otras cosas más, pero tiene toda la razón al explicar que lo que se debe de desenterrar de Cervantes es su obra, y leerla.

Contrasta con la lucidez de Rico la estulticia de un político del PP, un tal Antonio Sanz, andaluz, quien afirmó “Lo voy a decir muy claro. Yo no quiero y no me gusta que a Andalucía se la mande desde Catalunya ni que su futuro lo decida un político que se llama Albert”. Como le comprendo señor Sanz, a mí no me gustó nada que me mandaran desde Andalucía por un llamado Felipe, y me tuve que aguantar doce años de mi efímera vida. Sin AVE de Barcelona a Madrid por culpa de ese Felipe.

El problema de los tontos es que no descansan nunca. Prefiero un malo a un idiota. Me indigna que se utilice la condición de catalán de Rivera para deslegitimizar las aspiraciones de Ciutadans a ser un partido con presencia en toda España. Me indigna esa postura porque supone admitir que los catalanes no somos españoles, ya que no podemos aspirar a ser presidentes de España o gobernar el país como cualquier gallego, sin ir más lejos.

Los idiotas separadores crean independentistas cada semana. Si los derechos no son iguales para todos y Cataluña es una colonia vetada a gobernar la metrópoli, ¿Qué país estamos construyendo?.