India y Rusia

Cuando llegué a Nueva Delhi y el taxi se adentró por una ciudad destartalada y de alumbrado mortecino, me vino a la cabeza: “Esto es como la Habana, pero con sikhs en vez de mulatas”. Luego comprobé lo que ya sabía: los hindúes son unos engreídos que te dan lecciones a la menor ocasión.

Su mayor error es creerse mejores que los chinos, cuando en Delhi no saben hacer funcionar los semáforos. Luego hay que oír al violador de la chica del autobús: la culpa fue de ella por resistirse. ¿Se puede ser más imbécil, o es solo deformación cultural? Ya les regalo ese país del cual admiro infinitamente Upanishads, Buda y poca cosa más. Y siguen sin aceptar, afrontar y erradicar las violaciones. Las mamás hindúes deben ser muy bordes.

Luego aparecen los rusos, ese país siniestro de “sapastres” que hunden submarinos, destrozan centrales eléctricas y matan 64 civiles para rescatar a 8 rehenes. Para confirmar cualquier sospecha, tienen de Presidente al jefe de la KGB, a quien “alguien” le asesina los disidentes u opositores democráticos.

Descontado Tolstoy, Dostoyevski, los músicos y bailarines maravillosos como Nuréyev, Rusia me parece un país tétrico, sórdido, bárbaro, cruel y frío. No es Europa por más que se empeñen los marxistas y tampoco es China porque les falta civilización. Los chinos con todos sus inconvenientes comunistoides, se ve a dónde van, los rusos dan palos de ciegos porque beben por las noches y ante una crisis no saben lo que se pescan.

Los indios violan mujeres impunemente, los rusos asesinan políticos, a ver quién les manda una troika para civilizarlos un poco.