Emiratos

Cuando vuelo a la Conchinchina para desintoxicarme del opio moral que se respira en España, los aviones hacen escala en un lugar absurdo, grotesco y ridículo. Son los Emiratos una especie de Moratalaz mezclado con Gotham City.

Es un resultado de la manía de usar la tecnología sin ton ni son. Lo que es posible hacer, se hace sin pararse a pensar en los criterios de coste-beneficio. Es la utopía hortera y a contrapelo: el desastre ecológico por antonomasia y a golpe de millones.

Hay lugares en esta tierra que solían permanecer despoblados. Y no lo digo solo por los qataríes, sino también por los noruegos o los finlandeses. ¿A quién se le ocurrió poblar esos países inhabitables del norte de Europa que debieron permanecer olvidados en sus nieves eternas en vez de obligar a sus moradores a trabajar en exceso para calentarse y a la postre volverse puritanos y beodos? Pues la misma insensatez es poblar Qatar que habitar los países escandinavos. ¿No habría manera de usar esos dineros en alquilar zonas en países poco densos, como Libia por ejemplo, con climas templados y suelos más fértiles?

¿Qué sentido tiene vivir en una ciudad que no tiene jardines, ni afueras, ni campo, ni bosques, ni arroyos, donde la gente solo puede pasear por un shopping mall rodeado de tiendas en vez de plátanos o palmeras? Estos Emiratos existen por su situación a mitad de camino entre Europa y Asia. Los aviones repostan gasolina barata y por ello Doha es un hub aéreo de primera magnitud. Por lógica histórica tenían que ser los turcos los intermediarios entre Europa y Asia como lo han sido en los últimos cinco siglos, pero la errónea política europea de no admitir a Turquía en la Unión está causando diversas anomalías y los Emiratos son una de las más flagrantes. Párense allí y compren turrones de Jijona y Alicante, que debe ser una de las pocas industrias locales.