Racistas Yankees

No es la primera vez que mi afecto por los americanos, nacido en mis épocas de estudiante allí, se desvanece en forma de indignación ante sus barbaries. Me sucedió con el asesinato de Kennedy (doble, por cierto) y ahora con la marranada monumental de Ferguson. Son unos racistas -supongo que por su herencia anglosajona- y lo manifiestan con un descaro repugnante.

Lo viví en Berkeley cuando los Black Panthers decidieron defenderse con las armas y fueron exterminados sin contemplaciones. Allí la democracia es para las palabras, cuando se pasa a los hechos, fuego a discreción y que entre el ejército, llamado guardia nacional. Ni Franco hacía eso que yo viví en los sucesos de la lucha por el People´s Parck en Berkeley.

Nadie puede saltar fuera de su sombra y los yankees que gobiernan América, aunque ahora tengan un presidente negro, son radicalmente, genéticamente racistas, aunque condenan a los nazis en Núremberg.

Por aquí también hay convicciones genéticas gravadas entre los entretelos del corazón. El General del Estado Mayor habló de la metrópolis: donde hay metrópolis hay colonias, por definición. Mal asunto. Yo no quiero vivir en una colonia y menos en mi propio país. Pero el sentimiento irracional madrileño de que “esto es España y lo demás lo conquistamos” (véase 1714) llega a tal extremo que mi admirado Luis María Anson osa en discutir las cifras de Messi afirmando que Zarra sigue siendo mejor que Messi pese a que éste haya superado matemáticamente ¿A qué puedo atribuir este desvarío de un amigo tan inteligente e informado? Siguen generando independentistas.