Pradera, Manson y metrópolis

Javier Pradera era tan eminencia gris -nombre que puso Aldous Huxley a su novela sobre el Pare Joseph, consejero de Richelieu- que tenía varios libros escritos inéditos: ahora salen a la luz. Versan sobre mitología falangista, la transición y la corrupción. ¿Hubieran evitado algo si se hubieran publicado en su día?. La transición a la corrupción ha sido inexorable desde que Felipe González tomó las riendas del país y Guerra mató a Montesquieu.

Conocía a Pradera antes de su etapa en El País, era editor de Alianza y me publicó libro sobre urbanismo en los años 70: era serio, afable y bastante formidable. Areilza me hablaba de su abuelo, el ultramontano Victor Pradera. Ferlonsio es el que tiene ahí la última palabra si quiere decirla.

El asesino Charles Manson se casa en la cárcel a los 80 años: siempre buscó la publicidad. Su macabro crimen en la casa de Sharon Tate y Polanski debió más al afán de notoriedad que a la locura. Estuve tentado de escribir una novela sobre el personaje, pero hay que ser Truman Capote para eso y, encima, Manson, estudiado de cerca, no da la talla. Como personaje de la época hippy prefería escribir sobre Ginsberg o Gary Snyder, dos santos con buenas vibraciones.

Ruido de sables. “Cuando la metrópolis se hace débil, cae” dijo el jefe del estado mayor. Me recuerda a Unamuno “Cuando se pierdan las colonias, la metrópolis se volverá contra la periferia”. Mal rollo para los que no deseamos separarnos y contemplamos como se cumplen las agudas previsiones de don Miquel. Mal asunto, en cualquier caso, usar la palabra metrópoli, porque si hay metrópoli, es que hay colonias.