Alaya y Podemos

Arrecian los ataques contra la inquietante jueza Alaya, toda morbo e indefensión, por acercarse a las grandes organizaciones del latrocinio andaluz: Chaves y Griñan. Esos sí que son casta, y de la pata negra, de los que llevan a cuesta a la Macarena y el Cristo del Gran Poder para luego poder, impunemente, quedarse con el cortijo.

La jueza cometerá defectos de forma o de ingenuidad ante la mafia califal, pero ha destapado la estafa andaluza en gran escala. Más madera para que Pablo Iglesias con su reiterada lucidez ponga a parir a “la casta” que no es una actriz o cantante de ópera, sino una porción de sinvergüenzas, en su mayoría del PSOE, que se han dedicado a la política porque les costaba estudiar una carrera y optaron por enriquecerse en la política.

A mi la jueza me da tal morbo que le rogaría: “¡impútame!, ¡espósame!”, pero no recibí EREs, peers, ni peonadas, ni nada, así que sufriré su dulce rigor.

Tendré que dedicarme a estudiar las propuestas de Podemos, donde aparece la renta mínima garantizada, que es una idea que lancé en 1984 en mi libro “Del paro al ocio”.

Supongo que también estarán por el reparto del trabajo para acabar con el paro, pues eso ya lo propone hasta el patrón del consejero de gas natural que se aburre (Slims-Felipe Gonzáles).

Iglesias es un cerebro lúcido que ha estudiado y sabe lo necesario para estar en política. Su ventaja es que eso no lo tiene el 90 por ciento, si he dicho el 90 por ciento de los políticos que dicen representarnos. A mi no, pues sé economía e idiomas. Y perdonen, pero ya estoy harto de chorizos.