Política y arquitectura: Calatrava

Cuando comencé a estudiar, un ingeniero era el factótum de la industria, cuando la terminé – duraba 7 años- se había convertido en un capataz ilustrado. Algo parecido pasó con la arquitectura, por otro motivo: antes habían tres mil arquitectos en toda España, ahora hay 50.000. Pero el cambio más significativo en la profesión se ha producido en las últimas décadas debido a que el Estado se ha convertido en el cliente principal – sobre todo en urbanismo – desbancando netamente a la iniciativa privada. La gran época de construcción turística y urbana queda atrás, mientras que la deuda del Estado pasaba de 4 billones en 1982 a 40 billones en 1995. No quiero decir que de ello tenga la culpa la arquitectura – tampoco González era Mitterrand, sino que se beneficio de ello.

En la época de Franco, cualquier profesional si era competente en su campo recibía encargos del sector público, por ejemplo Tamames que era comunista, Bohigas o Saura, ninguno del régimen, o quien esto escribe que fue expulsado de Radio Juventud por no vestirse de falangista, ejercimos como consultores para ministerios o ayuntamientos. Esto duró hasta la época de Suárez. Curiosamente, con la llegada de los socialistas el trabajo se restringió a los titulares del carnet del partido o amigos probados de estos. Ya no contó la experiencia, el prestigio o la seriedad en la entrega, si no la filiación política. Por ejemplo, en Barcelona, Maragall delegó en Bohigas el urbanismo de la ciudad y éste solo permitió construir a un grupo de allegados suyos socialistas o comunistas reconvertidos. Naturalmente era imposible denunciar la parcialidad y el sectarismo en los encargos públicos porque entonces la posibilidad de obtener uno se reducía a cero. Los más listos sacaron el carnet cuanto antes.

Entre el estado, los autónomos y los municipios, el trabajo encargado fue importante. Me parece que Convergencia y Unió fue en esto más abierto, como en todo lo demás, que el PSOE. El talento faronista, prepotente y sectario de los socialistas tomo reflejo en los encargos arquitectónicos tanto o más que en otros campos de actividad.

Esto no quiere decir que las obras fuesen malas. Hay buenos arquitectos con carnet del PSOE y, como he dicho antes, los más espabilados se aprestaron a poseerlo en caso de no ser militantes. Algunas grandes figuras, por supuesto, no lo necesitaron, pero no todas se libraron de la discriminación. Otra cosa de ella fue la coincidencia del arquitecto de izquierda con el estilo socialista o la tendencia. Al imponerse estas escuelas de arquitectura como hegemónicas – aun lo son – cualquiera que no diseñe de acuerdo con ellas fue marginado por los dictadores municipales de la arquitectura.