Calor

¿Castigo bíblico por nuestros pecados españolmente corruptos y destartaladamente chapuceros o cataclismo global por los pecados de la tecnología que agujerea el delicado cendal ozono con que la atmósfera envuelve a la tierra? Este calor es un ‘tráiler’, un pre-gusto de los ardores del infierno que esperan a los descarados manipuladores de la naturaleza, a los violadores de Gaia, a los cabezas cuadradas de científicos que aun sostienen que la ciencia resolverá todos los problemas creados por efectos secundarios de la tecnología.

Cuando éramos jóvenes, y nos metían en los ejercicios espirituales –que yo disfrute en Vic, por cierto– venía un jesuita a sermonearnos: su pieza de resistencia era la descripción de las penas del infierno, lo peor el fuego que, por un refinamiento de Dios, quemaba también por dentro. Como este siga así, los predicadores tendrán que cambiar de metáfora para aterrorizar al personal porque ya estaremos entrenados a dormir abrasados por el siroco o a leer el periódico mojado por el propio sudor más que por lágrimas de arrepentimiento. ¿Olvidamos cada año el calor del verano anterior, o es realmente este bochorno el inicio de una plaga bíblica? La solución, en septiembre.