El rito de la globalización

Desde que el almirante chino Heng-Ze, conocido como Simbad el Marino – véase mi novela “El Mapa Perdido” – navegó África y el Mar Rojo en naves de 150 metros de eslora y flotas de 80 barcos, incluso pudo llegar a América, se inició la globalización, que consolidaría Magallanes y luego el Imperio Británico con sus expolios variados y alevosos.

Se ha llegado a la globalización en el aspecto material del proceso, aún falta consolidar su lado espiritual o mental, si lo prefieren, y ello se logra inventando mitos y ritos que penetren en el subconsciente colectivo de las gentes, creándoles identidades nuevas como miembros de un colectivo más amplio que aquellos – nacionales – con los que se han identificado hasta hoy.

Compartir significados simbólicos es la forma de pertenecer a una cultura, y no hay significados simbólicos más potentes que los mitos y ritos. El mito de Jesucristo y el rito de la misa, por ejemplo, o el mito de Mahoma y el rito del viaje a la Kaaba, crearon los colectivos cristianos y mahometano.

Ahora el rito mundial es el Campeonato de Futbol de la FIFA, los mitos se llaman Messi o Neymar, el demonio Suarez y La Meca, Maracaná. Las olimpiadas y los mundiales de fútbol son rituales que convocan he identifican a los ciudadanos del mundo entero. Son agentes eficaces del proceso de globalización de la tierra y confieren conciencia a gentes muy diversas de estar unidos en esa competición. Que, como dijo aquel inglés: “El fútbol no es cuestión de vida o muerte: es mucho más”.