Cosmopolitismo

Hace años, en una conversación con el President Pujol le comenté le tema del cosmopolitismo: mi impresión es que, tras bastantes años en que se trabajó por reforzar la identidad de la cultura catalana, y haberlo conseguido en buena medida – y falta hacía después de las restricciones del franquismo – había llegado ya el momento de relazar el cosmopolitismo barcelonés y catalán. Porque si Cataluña perdió oficialmente su identidad con el franquismo, no perdió en cambio su cosmopolitismo. Sería por tanto absurdo que luego lo fuera menos que entonces.

No entiendo por cosmopolitismo que Pujol se vaya a Japón o que vendamos Codorniu en Yakarta, sino que Cataluña y Barcelona sean puntos de encuentro y domicilio de gentes de todo el mundo – incluso los de Cuenca o Salamanca, por ejemplo – lugar de estudio donde puedan cursar carreras los hispanos hablantes de América como sucedía en mi época de estudiante.

Cuando Rubén Darío llega a España en 1905 entra por Barcelona y queda tan impresionado de nuestro cosmopolitismo, que escribe un artículo magistral donde se refleja el carácter plural, mundano y abierto de la Barcelona de principios de siglo. Es una pena que noventa años después, otro gran americano, Vargas Llosa, tuviera que escribir un artículo diciendo lo contrario.

Resulta como resulta el movimiento independentista está claro que con ella o sin, lo que Barcelona no debe perder es su carácter cosmopolita.